reparada la tisana e dejada enfriar, subió Cayetano llevándola en una bandeja con una tetera y una taza. Sentéme junto a mi compañero e le dije fuese bebiendo a pequeños sorbos. Dile uno e, dentro de unos minutos, dile otro y esperé, e viendo no lo vomitaba, le di de beber un poco, más a menudo. En menos de media hora comencé a notarle mejor. Estaba demasiado débil, mas había que ser cuidadoso con lo que se le daba e observarle. Comenzó a mover las manos e apretó la mía en sonriendo con cierta tristeza.“No voy a apartarme de vos, Marcos – le dije -, mas no habléis siquiera hasta que os vea un poco mejor”.
E mirándome con lágrimas en sus ojos, desoyó mis palabras:
“¿Puedo ver a los niños?”.
“Vais a verlos, Marcos – respondíle -, mas no quiero yo os vean así, que celebramos hoy fiesta por el santo de Antonio e no quisiera yo tristezas”.
E volvió a hablar muy quedo:
“Si ellos quieren verme, traedlos”.
“Subirá antes Su Ilustrísima a veros si lo deseáis – le dije -, que quizá queráis su compaña e la de Dios Nuestro Señor antes. En esto, restaré yo abajo con ellos”.
E asintió con una sonrisa e moviendo la cabeza. Así dejé con él a Cayetano en su cuidado e bajé a decirle a Su Ilustrísima subiese a verle. Quedé yo jugando con los niños una buena pieza y, en bajando Su Ilustrísima sonriente, me dijo:
“Dios os ha devuelto lo que habíais perdido. Como veis, sobrino, era más el ruido que las nueces e no era menester sino haber las herramientas e la maña para partirlas. Bien le veo, aunque muy débil, que en saliendo de aquí ni ha comido ni ha bebido ni ha querido irse por no perderos. Ahí lo tenéis. Cuidadlo”.
“¿Creéis sería atinado le viesen los niños? – preguntéle -; pregunta él por ellos”.
“Advertidles que tío Marcos ha vuelto – me dijo – e que está un poco enfermo e que quiere verlos. Conosciendo como ya conozco a estos niños, creo habrán gran contento”.
Así, advertí a los niños como me dijo Su Ilustrísima e vi en los ojos de los pequeños una sonrisa.
“Como regalo – dije a Antonio -, nos ha devuelto San Antonio a tío Marcos a casa”.
“Mucho he rezado por ello, papá”.
E hubo un encuentro de lágrimas e gozo de todos e quise restar toda la noche a su lado en su cuidado.
En Grazalema e a trece de junio del año de dos mil e siete.


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