02 junio, 2007

De las gentes que me odian

ntes de la cena, platicábamos en el salón e dijo Marcos al oír lo sucedido con la guardia:

“No os dais cuenta, Marino, o no queréis saber nada desto, mas sois vos como una bandera de España, como un símbolo de la Patria e, por desgracia, la mitad desta España odia a su propia bandera e no se considera española. E también Grazalema, siendo villa pequeña, está dividida. ¿Pensáis quedar en vuestra tierra cuando la mitad os aclama e la mitad os odia?”.

“Pensemos en Grazalema como en una pequeña España – le dije -, e todos deberemos hacer un esfuerzo por sentirnos unidos e no crear dos bandos que se maten unos a otros. Estos indeseables que vienen a buscarme e a darme muerte, no buscan sino quitar algo que les es estorbo para sus perversos trazados. No, Marcos, no voy a huir esta vez, sino a convencer a este pueblo de que todos somos españoles e debemos trabajar unidos; sin que unos dominen a los otros. Es paradoja que sean jopones los que considerándose representantes del pueblo los humillen. Dejadme hacer”.

“En vuestra empresa ni quiero ni puedo entrar, Marino – respondióme -, mas así como media España no se siente española, media Grazalema no se siente española. En vuestras manos está el remedio”.

“Vos mesmo lo habéis visto – exclamé -, que viendo el pueblo era mi funeral allí estaban todos en la iglesia”.

“Pienso erráis, Marino – insistió -, que viviendo aquí más de dos mil almas, hasta las mil fueron a daros la despedida ¿Dónde estaba la otra mitad?”.

E levantándome en oyendo aquellas palabras, salí a de la casa e fuíme calle arriba en paseos intentando olvidar lo oído, mas, al cruzar la primera calle, bajaba la señora enlutada e no quiso mirarme. Así, púseme ante ella sin decir palabra e dijo ésta:

“Todos habemos de llegar al momento de la muerte, Capitán. Pensaba yo que creíais que por ser marqués vos no llegaríais, mas bien veo agora que Dios os ha dado una merced que a ninguno de nosotros ha concedido. Tomad buena nota de lo que os digo, pues sólo una parte deste pueblo os odia. Buscadlos”.

En Grazalema e a dos de junio del año de dos mil e siete.

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