07 junio, 2007

De la vuelta picante de la excursión

ucho hubimos de esperar para el almuerzo, que hasta Cayetano ofrecióse por ir a buscar a los exploradores grandes e pequeños, mas aparecieron al fin e les dije habían de subir al cuarto del baño e quitarse el sudor e la tierra que traían.

Aseados en poco tiempo, bajaron preparados para el almuerzo quejándose de los picores de los coquitos.

“Siento deciros – manifesté -, que la hora del almuerzo hemos retrasado e habréis de esperar un poco para poner remedio”.

“¿Los coquitos? – preguntó Norberto -, quisiera yo saber qué cosa es esa e por qué siento picores en muchas partes del cuerpo”.

“Pequeños insectos son – le dijo Su Ilustrísima – que en los lugares más plegados del cuerpo se colocan e producen picor, mas son tan pequeños, que hay que aplicar remedio para eliminarlos”.

“E ¿qué remedio ese – preguntó – si nos hemos aseado?”.

“No creo que el agua y el jabón os los quiten, amigo – le dije -, sino que habrá de untar vuestro cuerpo con algo de vinagre que, siendo muy fuerte, con agua se rebaja”.

“Tal vez – insistió el invitado -, tomando luego un baño en la piscina…”.

“Se hará primero la digestión – espetó Su Ilustrísima -, se pondrá luego el remedio y se esperará un tiempo antes del baño. Hemos de mantener esas aguas límpidas”.

E sirviéronse los majares, fueron bendecidos e más que persignaciones, veíase a los comensales arrascar sus espaldas.

“Preparad una buena mezcla de vinagre para los coquitos – dije a Cayetano -, que en terminando el almuerzo yo mesmo la aplicaré en los lugares más habituales”.

¿E hay alguno desos «lugares habituales» para los coquitos - preguntó Norberto azorado – que no sea tan… habitual?”.

“Si no deseáis nadie os unte en ciertos lugares – le dije -, yo mesmo os diré cuáles son e vos mesmo ponéis allí el vinagre con un algodón”.

E mirando a Marcos con disimulo, dijo sin levantar la vista:

“Supongo dejaré alguien me lo unte”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario