15 junio, 2007

De la primera visita de los niños a su tío Marcos

ubieron los niños tras mi aviso a ver a su tío Marcos con Su Ilustrísima y en la estancia entraron quedos e mirándole con cautela.

“Pasad, pequeños, pasad – les dijo Marcos -, que tío Marcos ya está bien”.

Acercáronse entonces más a priesa hasta él e le tomaron las manos e hizo Marcos movimiento por besarlos e todos se acercaron a la cama e comenzaron a hablarle poco a poco en haciéndole preguntas y escuchándole con atención. Dentro de poco tiempo, estaban todos pegados a su tío e platicaban e reían. No hizo Marcos gesto alguno de cansancio hasta que yo mesmo di la visita por terminada. E bajaron los tres niños de gran contento e díles mi licencia para ir a sus baños.

Pedí excusas a Su Ilustrísima por restar a solas con mi compañero e hubimos una luenga plática; e no quería yo se hablase de lo acaescido, sino que hubo grandes caricias e palabras de consuelo.

Luego desto, quise descansase hasta llegada la hora del almuerzo e quedóse Cayetano a su lado e bajé yo al cubierto del jardín con Su Ilustrísima, quité mis ropas e cubríme con la toalla por restar a su lado una pieza.

“A fe, Ilustrísima – le dije -, que en mi luenga vida pocas veces he sentido lo que agora siento”.

“Errar es humano – dijo – e perdonar es divino. Sabía yo cuando le dijisteis se marchase a Sevilla, que no lo decíais con el corazón. Nada habéis de demostrarme agora”.

Y en estas pláticas estábamos cuando descansó de sus nados mi pequeño Marinín e vino a mí e abrió mi toalla e dentro metióse e me abrazó en diciendo:

“Muy de contento estamos todos, papá, que cuando tío Marcos esté ya bueno, le mostraremos los nuevos regalos que habemos para la piscina por el día de San Antonio”.

“Quizá – le dije -, cuando volváis hacia las aguas, si miráis hacia su ventana, lo veáis allí observando vuestros juegos; mas espero eso sea mañana”.

E no esperaba oír lo que dijo a continuación, pues miró a su tío Juan en sus lecturas e pensaría no le oía:

“No es mi tío Marcos, papá, pues siendo vuestro compañero, aún no siendo mujer, como a mi segundo papá lo quiero”.

Miró Su Ilustrísima suspenso al oír tales palabras, mas nada dijo e, hablando de otra cosa diferente, siguió:

“Leyendo estoy un libro de muy antiguo e hay palabras que ni conozco ni encuentro en diccionario alguno. ¿Podríais vos aclararme una dellas? Pertenece a una canción picaresca antigüa”.

“Así será, hijo – le dije -, que como diccionario antigüo e moderno me considero. Decidme, ¿cuál es esa palabra?”.

“«Encornudar». No la entiendo”.

En Grazalema e a quince de junio del año de dos mil e siete.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario