01 junio, 2007

De la enseñanza de mis hijos mayores

oy, el primero del mes junio, día caluroso, ha sido de solaz, mas algunos avisos he dado por teléfono e algunas cosas he aclarado y, ya en el almuerzo, dije a Marcos que haríanse las obras algunos días más tarde e que tal decisión no era sólo por el problema habido con los obreros (problema ya resuelto), sino que habiendo unas pláticas con don Julio, el director de la escuela de Sevilla, pedíle examinase a mis hijos, que en no pasando examen no podrían seguir sus estudios.

“Hame dicho don Julio – les dije -, que aunque no es costumbre ni es atinado, pasarán Antonio e Marinín un examen por saber sus conocimientos en todas las materias e su comportamiento e su vida religiosa. En breve, me avisará de cuándo podrán pasar examen e, según él vea su preparación, procurará darles certificado de los estudios recebidos. Si los conocimientos son buenos, aunque no se pudiere conseguir tal certificado, habría como regalo el tal viaje para ver a ese ratoncito”.

“Seguros estamos, papá – me dijo Marinín –, de poder examinar con éxito e de poder ir a Disney World, que bien sabéis nuestros conocimientos son muchos”.

“Duda dello no tengo – le dije -, mas no soy yo el que debe decidir si vuestros conocimientos van unidos a vuestra edad. Dejad que don Julio estudie tal empresa”.

“¿E no tengo yo que examinar? – preguntó Carlitos -, yo quiero hacer ese viaje”.

“No, pequeño – le dije -; este año no habréis de pasar examen alguno para ir al viaje. El año que viene iréis a la escuela como todos los niños van”.

“¡Jo, papá! – dijo Marinín de contento -, seguros estamos de haber los conocimientos que nos pidan e, mientras tanto, ¿podremos seguir jugando e gozando de nuestros baños?”.

“Nadie os ha dicho que deberéis dejar los juegos – intervino Su Ilustrísima -, sino que vosotros mesmos sabréis si conocéis bien las materias que os enseñó el maestro. Si es así ¿a qué seguir los estudios?”.

“Estudiaremos todas las tardes un poco – dijo Antonio -, que alguna cosa puede olvidarse”.

“Buena idea me parece esa – dijo entonces Marcos -, que ni vuestro padre, ni vuestros tíos os van a obligar a hacerlo; tomad entonces la responsabilidad de repasar los conocimientos”.

“He de deciros, Marcos – espeté -, que habiendo unas pláticas con Víctor, me dijo que eran tales sus conocimientos, que debería él mesmo estudiar más para poder seguir enseñándoles; e no olvidéis el maestro pasa de los veinte años”.

“¡Santo Dios! – exclamó -, que en tal cosa no había pensado, pues examinando don Julio a dos niños que han los conocimientos de un joven de esa edad, bien creo habrá sorpresas”.

En Grazalema e a primero de junio del año de dos mil e siete.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario