ajábamos Marcos e yo de la estancia para ir al jardín a la hora del baño matutino, cuando vimos hablaba Cayetano con alguien y cerraba luego la puerta.“¿Habemos acaso hoy comida especial? – preguntéle a Cayetano -;llévese esa caja a las cocinas”.
“No, excelencia – me dijo -, que ha venido un hombre a traer estos pedidos”.
E pensando yo que eran pedidos de la nueva obra que habría encargado Marcos, le dije seguro:
“Tomad vos por aquella asa que yo he de tomarla por esta e la subiremos arriba”.
“Vos sabréis - contestóme – dónde queréis guardarla, que tal vez no queráis vean los niños lo que aquí hay por que hayan una sorpresa”.
“¡Un presente vuestro – le dije – creí que traían!”
E viendo yo que Marcos pensaba que yo había pedido la caja e pensando yo que era presente dél, le miré sin hacer más movimientos, pues de seguro Marcos pensó lo mesmo que yo. Así, casi sin movernos, dimos la vuelta e bajamos al salón e, en viéndonos Cayetano bajar otra ver con ella preguntónos si necesitábamos algún ayuda y esto le dije:
“Ayuda necesitaremos, Cayetano, e tal vez de Nuestro Señor Jesucristo, que nos parece que lo que en esta caja viene es sorpresa, mas de otra índole. Corred al jardín e decidle a los niños e a Su Ilustrísima hay órdenes de salir de las aguas e cruzar por detrás del temazcal hasta entrar en la parte del servicio. Llevadlos luego a las cocinas”.
Mas salíamos por el pasillo cuando vi de entrar en la casa desnudo a Marinín e paró al vernos:
“¡Vamos, mi pequeño! – le grité - ¡Corred con Cayetano e tomad a vuestro hermano Carlos e que vaya con vos!”.
E viendo ya teníamos el paso franco nos acercamos al jardín.
“Quisiera yo saber – le dije a Marcos con intriga e voz baja – por qué motivo llevamos esta caja de «sorpresa» al jardín”.
“Seguid andando e no movedla mucho – contestóme -, que si ha venido de Sevilla o de Ronda movimiento admite, pero toda precaución en estos casos es poca. Acerquémosnos a la piscina”.
E, atravesando el jardín, llegamos al borde de las aguas cristalinas e celestes e me dijo Marcos habríamos de balancear la caja hasta su aviso e soltarla en las aguas saltando luego atrás para yacer en la alfombra de hierba. Así, la fuimos balanceando poco a poco e fuéme avisando Marcos porque me preparase para soltarla e, contando hasta tres, abrimos nuestras manos e cayó la caja en las aguas hundiéndose en ellas muy rápidamente.
“¿Estáis bien, excelencia? – preguntó Cayetano corriendo hacia nosotros - ¿E vos don Marcos?”.
“Dad aviso de urgencia a la guardia – le dije -; decidle tenemos un «presente» sumergido en las aguas”.


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