09 junio, 2007

De cómo supe lo que se pensaba en la casa

alió Su Ilustrísima al jardín e sentóse donde es su costumbre hacerlo esperando el momento para aclarar sus ideas e traerme noticias. Seguí en mi retiro más de una hora e volví a recebir su visita.

“Creo – me dijo al entrar -, sé lo que piensan todos en esta casa sobre Norberto e sobre Marcos. No he sido yo el único, por desgracia, que ha visto cierta complicidad entre ellos. Os manifestaré lo que se me ha dicho”.

Sentámosnos a la mesa e tomé papel e pluma por si había que anotar alguna cosa, mas no fue necesario, pues comenzando Su Ilustrísima a narrar lo oído, comprendí lo que acaescía en la casa.

“He entrado en las cocinas por pedir algo de vino e algún bocado, que no siendo mi costumbre hacerlo, todos sabían iba yo allí por algún otro motivo. Piensan Cayetano e Ramón ha sido una traición usar vuestra mesma casa por Marcos para unirse con complicidad velada ante vuestros ojos con Norberto. Saben éstos, siento decíroslo con tal claridad, que os abandonó Marcos en la noche por yacer con Norberto (¡Dios me perdone por las cosas que digo!). Su apoyo tenéis sin condición. Sentado luego en el jardín, acercáronse los niños a tomar un bocado que les llevó Ramón; poca cosa. Mas le dije a Marinín quería haber con él algunas pláticas, e como bien sabéis que su mente alcanza a donde la nuestra no asoma, sin decir yo palabra, me dijo no quiso primero que tío Norberto volviese a Sevilla, pues seguro estaba de que iba a ser muerto, mas, (¡oh, Dios Santo!) hallólos en su habitación mientras «se ponían entrambos las friegas de vinagre» e deseó se marchase, pues supo os estaban traicionando. Así, le dije quería haber unas palabras con Antonio, mas, sorprendióme que al acercarse el pequeño me dijese que ya os había advertido de «ciertas caricias en los cabellos» que había visto en la excursión a la ermita; no necesité ni quise preguntar nada más, que viendo a los pequeños felices, pensé sentían se había resuelto para ellos tal entuerto. Pero seguía sentado Marcos aparte, tras el temazcal, como oculto, e a él acerquéme por hacerle alguna pregunta e ver sus ánimos, mas al acercarme, lo encontré muy triste”.

“¡Santo Dios! – exclamé - ¿Qué cosa le ha hecho este Norberto a Marcos?”.

“Preguntéle el motivo de sus cuitas - continuó – e le dije si podía ayudarlo. Piensa Marcos que Norberto no volverá de momento, aunque creo que también piensa que sois vos el que lo habéis despedido para que no vuelva. Cree le habéis condenado a no volver por quitarlo de su lado”.

“¡Yerra este hombre! – grité - ¿Cómo puede pensar tal cosa?”.

“Así no se lo he dicho, sobrino – aclaróme -, sino que en viéndoos rechazado por él, le dije tal vez le propondríais sin ira marchase con Norberto al sitio que deseasen sacrificando vuestra vida e perdiéndolo vos para siempre”.

“¿E qué os dijo – preguntéle con intriga – al oír esas vuestras palabras?”.

“Dijo – continuó -, y esto ya lo esperaba yo, que necesitaba aclarar sus razones, pues seguía yo pensando que si no volviere Norberto, se iría con él a Sevilla perdiéndonos a todos o se quedaría aquí perdiendo a Norberto. Necesita pues pensarlo, mas no sabe Norberto ha muerto a manos desos traidores suyos e nuestros. Agora, si le decimos Norberto ha muerto se quedará, mas, ¿no os parece un tanto egoísta?”.

“Así me lo parece, Ilustrísima – le dije -, mas también sería egoísmo por mi parte el querer que se quede. No ha de decírsele nada de la muerte deste su nuevo amigo, sino que debe él mesmo decidir lo que hace. Si decide irse, será para siempre; si decide quedarse, tendrá mi perdón”.

“Hijo – me tomó las manos -, un juicio salomónico hacéis, mas un juicio justo, pues creyendo él tiene las dos opciones, debe ser él el que decida”.

“Y así será, Ilustrísima – concluí -, que no he de salir deste bufete hasta que no entre a pedirme excusas por su error o salga con su equipaje por la casapuerta hacia Sevilla creyendo va a encontrarse con su nuevo amigo. Ordenad agora no se me moleste para cosa baladí. Cuidad en tanto de mis hijos e insinuad Norberto sigue vivo”.

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