30 junio, 2007

De cómo preparar las viandas

legaron Su Ilustrísima y Marcos de las compras e traían en una bolsa mucha vianda que yantar.

“Quiero – dijo Su Ilustrísima -, partan María o Ramón este lomo entero en filetes de dos dedos. Se pondrán a las brasas. Chuletas e chacina e otras viandas frescas vienen. No me gusta ir de gorra a las fiestas”.

“¿Sabe acaso Su Ilustrísima – preguntó Marcos – por qué se dice «ir de gorra» cuando se va a una fiesta e no se paga nada?”.

“Sin duda lo sé – contestó -, e mejor que yo ha de saberlo el Capitán, que paje ha tenido toda su vida. Yendo siempre tocado, su paje iba siempre con una gorra - corregidme si yerro, sobrino – e siendo el paje, nunca pagaba nada, sino que a expensas de su amo iba. E paje no soy y de gorra no quisiera ir”.

“Tampoco entonces – dijo Marcos – quiero ir yo de gorra, que ni paje soy ni gorrón”.

Acercóse Antonio a su tío Juan e le dijo:

“¿E toda esa carne hay que comerla asada?, pues a mí me gusta cruda”.

“Igual que a mí, hijo – le dijo don Juan -, mas es mejor comerla como dicen «vuelta y vuelta», que sin ponerla un poco a las brasas no es tan saludable. Como yo os digo, dórase un poco por fuera e sangra por dentro. ¡Una delicia!”.

“Así como vos la queréis tomar – le dijo el pequeño – la quiero yo”.

“Pues no retiraros esta noche de mi lado – le dijo Su Ilustrísima -, que yo mesmo he de preparar los lomos que nos comamos. E buenas salsas habrá si en ellas queréis mojarlos, que en eso es experto don Diego e nadie sabe sus fórmulas secretas”.

“No me parece – les dije – que comer las carnes crudas cosa sea de animales, que el hombre también es animal, mas, como bien habéis dicho, es mejor ponerlas al fuego un poco e quitar el tosigo que traigan”.

“Así se hará, sobrino, e bien sé que os gusta la carne poco hecha”.

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