espertó asustado Marcos e no hacía sino zarandearme e decirme deberíamos partir cuanto antes. Todo el equipaje fue preparado por el servicio la noche antes para partir sin dilación e despertamos a los pequeños e llamamos a la puerta del dormitorio de don Juan ya todo presto para lo que yo seguía llamando huída.Tomamos algo de café caliente e un poco de desayuno, hubo una corta pero emotiva despedida e nos ayudó el servicio a portar nuestro poco equipaje hasta el coche. E luego desto, díles órdenes de volver prestos a la casa e cerrar hasta que yo les diera aviso.
Así, llevando con nosotros a los tres pequeños, emprendimos la ruta aún de noche e miraba Marcos por los espejos e volviendo la cabeza por ver si éramos seguidos.
“Llevad vos el coche mirando adelante – le dije – que yo vigilaré a los niños e la parte de atrás de la carretera por si viera algo. E quiero sepáis que os acompaño como Dios lo hace también e os sintáis seguro”.
Llegando al puerto de Montejaque, parecióme ver venía a lo lejos un coche, mas no quería decir aquello que siguieran nuestros pasos, sino que bien podría ser de gentes que había seguido los pasos del Jueves Santo en Ronda e volvían a Sevilla. Aviséle de no pasar el cruce de Los Perales para subir por la Ribera e haciendo que el coche fuese a menos velocidad, giró a la siniestra e comenzamos la subida.
Quedaron los niños dormidos abrazados unos a otros mientras nos elevábamos por la sierra iluminada tenuemente por el sol rojizo. En cierto momento, al mirar atrás, comprobé que venía el coche que pareciera seguirnos girando hacia Grazalema. Nada dije a Marcos por no asustarle e púseme a trazar alguna salida. Subidos ya algunos kilómetros, vimos en la carretera a un hombre con su bastón. Un pastor, pensé; era la hora. Marchamos aún con más lentitud hasta que vimos nos hacía señas de parar: ¡era «el chusco»!
Se detuvo el coche a su lado e abrió Marcos su ventanilla e le oímos decir con priesa:
“¡Vamo! Subí por ese camino diestro hasta la casa frontera, dejá el coche tras ella y entrá en la casa. La puerta de atrá está abierta. No hay tiempo que perdé!”.


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