22 abril, 2007

Del trazado de Marcos para los viajes

quella mesma tarde e tras un descanso corto, nos hizo firmar Marcos los documentos e nos dijo, omitiendo nombres de lugares e otros pormenores, cómo habría de llevarse a cabo la huída:

“Saldremos de Sevilla al anochecer en un «ave con camas» e con nuestros nuevos documentos hacia otra ciudad de España, así, no sabrá la guardia de nuestro viaje”.

“¿Un «ave con camas»?” – preguntéle con extraño - ¿Qué necesidad hay de acostarse en viaje tan corto?”.

“Lo de «ave», Marino – aclaróme paciente -, no es sino un tren de grandes coches, como el AVE, mas no hay asientos en su interior, sino pequeñas e cómodas alcobas muy lujosas e un pequeño cuarto del baño en cada una; de la mejor calidad. Úsanse estos trenes cuando el viaje es largo e dura toda la noche”.

“O va muy lento por no despertar a los ocupantes – le dije – o nos llevará ese «tren» a algún lugar más lejano”.

“Tan rápido como el AVE irá, Marino – me dijo -; ya sabéis cuál es la respuesta. Los niños han de saberla ya también”.

“Sin duda, tío Marcos – dijo Marinín -, que duermen las gentes mientras viajan e amanecen lejos del lugar de partida”.

“Así es, pequeño – prosiguió -; usaremos las alcobas más ricas e cómodas que han a su lado otro coche que es comedor e, pasando éste, otro que es taberna. Llegando de mañana al lugar pensado, vestiremos ricas ropas e iremos a un rico hotel, mas volveremos a ser los que somos agora. Mientras nosotros viajamos sin saberse lo hacemos en tren e durmiendo, Valeriano viajará con nuestro coche e lo dejará en sitio visible. Luego desto, volverá él en el tren de las camas. Es una estrategia; desta forma, la guardia pensará hemos viajado todos en el coche”.

“Y… eso del viaje durmiendo – le dije incrédulo - ¿es para que aparezcamos donde esté el coche un día o dos después?”.

“Sólo un día – aclaró -; pretendo no hacer ese largo viaje en el coche, pues ello nos produciría gran cansancio”.

“¡Santo Dios! – exclamé -, habrá que pagar a Valeriano algo más de dinero”.

“Así será, amigo – dijo -, que aunque para él no sea de tanta fatiga, habrá de moverse mucho tiempo por toda España. Hasta dos días estaremos en aquella ciudad y aquel hotel, pues al salir déste, cambiaremos los documentos e iremos un día a un hostal modesto hasta tomar la nave que nos llevará a buen puerto”.

“¿A buen puerto? – pregunté con enojo - ¿No pensaréis voy a subir a una desas naves para atravesar los mares?”.

“No tal – me dijo -, que la nave de la que hablo no flota en las aguas”.

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