quella mesma tarde en mi bufete me hallaba haciendo cálculos e procurando ver esta mi nueva vida como placentera, cuando advertí la puerta estaba entreabierta.“¿Quién va?” – pregunté severo.
E abrióse la puerta y entró Marinín en silencio unos pasos e dijo luego:
“No os vigilo oculto, papá, os observo, pues todos estos cambios sé hacéis por lo que un día os dije. Si pensáis he errado, sigamos en aquesta casa nuestras vidas; si aún vais a seguir preparándoos para la partida, dejadme os ayude. Viene Antonio conmigo e podríamos…”“Hijo – le interrumpí -, la decisión ya está tomada y el trazado es casi perfecto según me asegura tío Marcos. Seguid en vuestros juegos e pronto habremos noticias”.
“Ha hablado tío Marcos también – continuó – de volver a Grazalema. Si nos dierais la venia, quisiéramos ir Antonio e yo con él para ver a doña Pastora e a Carlitos”.
“¿Por qué os quedáis en la puerta? – le dije con extraño -; pasad e venid aquí junto a mí”.
“Viene Antonio conmigo – me dijo – e ahí en el salón me espera”.
“Pasad entonces entrambos, que según lo oído, pasará Antonio como hijo mío y hermano vuestro. Así pues, nada he de ocultaros; de forma, que lo que sepa uno lo sepa el otro. Llamadle y pasad”.
Volvióse de espacio e hizo unas señas. Al poco, se entró también Antonio e les dije vinieran cada uno a un lado. Marino puso su cabeza en mi hombro e Antonio tiró de mis ropas.
“Más preocupados os veo – les dije – de lo que a mí podréis verme, que en esto del viaje, ha tío Marcos la razón, pues viviremos un tiempo en una tierra lejana e mucho aprenderemos e, así, cuando volvamos, sabremos más que todos los demás. Alegraos pues; no quiero caras tristes e sabed tenéis venia para viajar con tío Marcos a Grazalema. Yo, si ello no os disgusta, me quedaré aquí”.
“Sé, papá – dijo Antonio -, habéis de guardar muchas cosas en cajas para llevar. Dejadnos os seamos de algún ayuda”.
“Hijo – le dije en abrazo -, vuestro corazón es grande e mucho os agradezco las intenciones, mas habéis de saber que sólo llevaremos lo necesario. El resto, todo lo que podamos imaginar, allí ha de comprarse. Nada ha de faltarnos”.
“Gracias, excelencia, por dejarme ser también vuestro hijo”.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario