16 abril, 2007

Del nuevo entusiasmo de Marcos

aseaba Marcos de un lado al otro de la habitación en pensamientos mientras yo seguía sentado a la mesa:

“Curaciones milagrosas, luchas increíbles de no ser vistas, aparición de vuestro difunto hermano, inteligencia poderosa en todo el que se os acerca… ¿Cómo podéis pensar dudaría de lo que me narráis? Sólo quisiera saber, si ello es posible o lo creéis necesario, qué consejos fueron esos que incluso abandonáis vuestro sello”.

E, con pocas palabras, manifesté lo que me había aconsejado don Diego Benavente e cómo todo me parecía cierto, pues de haber usado esos consejos, no seguiría siendo un capitán demente e odiado por los demás. La clave estaba en esperar a que los niños creciesen e los viejos muriesen antes de volver como un hombre nuevo. Varias vidas en una sola.

“¡Es fantástico, Marino! ¡Fantástico! Aunque hubiese sido esta visita un sueño, que no me lo parece, creo es cierto podéis haber más de una vida en una sola. Tal vez hayáis errado al no querer cambiar con el tiempo e seguir siendo para los demás el siempre odiado e perseguido Capitán Alacaída, mas no debéis sentiros culpable de cosa alguna. Habéis hecho lo que ha sido vuestra voluntad. Si no queréis agora seguir ese camino, ¡podéis cambiarlo! Nos tenéis a nosotros, a mí e a los niños… Vivid agora esta vida”.

“Así he de hacerlo; con vos. Sólo presiento pueda causar daño a Antonio e a su madre; y esto no quiero”.

“Dejadme a mí – me sonrió – solucione yo ese entuerto, que no me parece tal. Aprestémosnos agora e bajemos al desayuno. Yo mesmo he de hablar con los niños”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario