29 abril, 2007

Del cambio del día de la partida

izo por la tarde Su Ilustrísima unas oraciones por no haber sufrido quebranto alguno en mañana tan peligrosa e, incluso, por las almas de los fallecidos en la lucha. Hubo pocas pláticas e los niños no jugaron, sino que restaron quedos e sentados junto a su padre e sus tíos.

Esperábamos la llamada del inspector por saber si podría cambiarse el viaje e, ya eran las cinco, cuando sonó el teléfono:

“Excelencia – dijo una voz grave del inspector -, los pasajes ocupados por las fiestas se han cambiado. Habéis pues dos habitaciones dobles con baño. En la Estación de Santa Justa deberéis estar antes de las nueve de la noche, pues parte a los veinte minutos”.

“Gracias, inspector – le dije -; no sé cómo agradeceros lo hecho”.

“No sé yo cómo agradeceros los hecho por vos, excelencia – contestóme nervioso -, que no pude detener cuantos coches hubiesen sido menester. Partid hoy mesmo e decid a don Marcos adelante el día de llegada al hotel e cualquiera otra cosa”.

“Así lo haré – le dije – e sabed tengo conocimientos de cómo daros a todos aviso sin que se sepa do estamos”.

“Sed cuidadoso con eso – insistió -; no cometáis errores que lleve a esta guardia a do vayáis. Os deseo un buen viaje, que aunque lujoso, será fatigoso”.

E luego de hablar esto con el inspector, así se lo dije a Marcos, que antes de las nueve deberíamos estar en la estación.

Di aviso a Valeriano por haber cambios e menos de quince minutos tardó en aparecer.

“Si no os es de estorbo, sobrino – me dijo Su Ilustrísima -, a la estación quisiera acompañaros e, siendo ya noche cuando partáis, desearía quedarme en esta casa y esperar a que viniese Ildefonso a recogerme para volver a Ronda”.

“Nada deso habréis de hacer, Ilustrísima – respondióle Valeriano -, que en partiendo ellos, yo mesmo he traeros a casa e yo mesmo os llevaré a la hora que deseéis a Ronda”.

“Vuestro gesto agradezco, Valeriano – le dijo don Juan -; luego veremos la hora oportuna para entrambos, que no he menesteres en Ronda e no es necesario madruguéis”.

Y pensé el resto de los acontecimientos del día debería ya escribir mañana, que la tarde se venía muy apretada.

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