28 abril, 2007

De mi trazado para no abandonar este diario

e entró Marcos en el bufete mientras escribía yo este mi diario, al atardecer, e acercóse de espacio mirándome con intriga y con una sonrisa en la boca.

“¿Termináis ya vuestro diario? – me dijo - ¿o acaso pensáis seguir escribiéndolo allí do vayamos?”.

“Vuestra pregunta, Marcos – le dije mirándole fijamente -, paréceme entenderla de otra forma. Si quisiéredes saber lo que voy a hacer con estos escritos, preguntadlo”.

“Así como darían con nosotros por usar los mesmos teléfonos en cualquier rincón deste mundo – dijo paseando -, es fácil para la guardia dar con vos si ponéis esos textos desde quién sabe dónde”.

“Por poco cultivado me tenéis – le dije sin dejar de escribir -, que desde Chuti a mi hijo, en pasando por vos mesmo e la literatura leída, desto de la «red» tal vez conozca más que vos”.

“Nada dello me habéis dicho – respondióme con sospecha -; quizá sea porque no es tal el conocimiento que habéis o quizá porque lo ocultáis”.

“Quizá – le dije grave – no me interese se sepan mis conocimientos. Nada os oculto, querido Marcos mas, si no preguntáis, prefiero callar”.

“Prenguntándoos estoy – dejóse caer sobre la mesa -, pues si enviáis esos textos a «la red» desde nuestro futuro escondite, ya no seremos salvos”.

“Tiene esta casa – le dije – hasta cinco estuches portátiles e hasta tres máquinas que entre ellas se conectan; por el aire. Excusaos de que no use esos nombres que se le dan a estas máquinas, que por ignorancia no lo hago, sino por desafecto a esa jerga. Unidos los datos de todos ellos, pueden enviarse a cualquier parte del mundo ¿No es así? (asintió). Y esos datos van marcados con un número (IP) que señala a esta casa. Si envío los datos desde nuestro «futuro escondite», sabrá la guardia al punto do hallarnos. Pues en tal empresa me hallo yo que, aunque vos no sepáis, los escritos diarios saldrán desta casa”.

“E… ¿cómo haréis eso? – preguntóme con extraño -; no veo la forma de escribir desde aquí si estáis allí”.

“Mucho me temo, amigo – le dije -, que habréis de dar un buen repaso a los libros o preguntar a Marinín. El trazado es simple e ya está preparado”.

“¿E no vais a decirme cómo lo haréis? – sintióse perdido -. Es vuestra decisión, mas no erréis, Marino, que no es sólo vuestra vida la que queda al descubierto”.

E un tanto enojado fue a salir del bufete cuando le dije diese aviso a Ramón.

“Paréceme algo cocináis” – sonrió -.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario