15 abril, 2007

De los trazados de Marcos para la huída

n la casa de Sevilla he estado casi enclaustrado, sin escribir este diario, hasta poner mis ideas en orden e mis sentimientos en su camino. Han seguido los niños sus liciones e ha salido Marcos todos los días a estudiar los preparativos.

Sentados a la mesa en el almuerzo un día, se hizo un grande silencio que rompió Marcos sin alzar la voz e mirándome sólo a mí, aún a sabiendas que los pequeños le oían, dijo:

“Veréis, Marino, llegar hasta nuestro nuevo destino será una labor sencilla si todo se prevé. Mucho he platicado con don Justo Severo e con el inspector De Lema que, aunque creáis os traiciona, mucho os ayuda. Observaréis que ya no hay guardia ni buena ni mala cerca desta vuestra casa; es labor dificultosa y está en sus manos. Don Justo, por otro lado, ha de ser de gran ayuda. Necesitaremos documentos falsos y, entre uno y otro, ya saben cómo hacerlo. El trazado es sencillo, aunque largo; sólo el pequeño Antonio – lo miró sonriéndole – me hará trabajar un poco más. Tengo el permiso de su madre, mas está éste a su nombre. Pensad todos – hizo una pausa en mirándonos – que cambiaremos de nombre; seremos por un tiempo otros ciudadanos desconocidos e nadie ha de saber esto. Vuestro dinero, Marino, va hacia el destino en partes cada día y está a buen recaudo. No es lo de Antonio problema, sino que, en sabiendo su nuevo nombre, he de ir a Grazalema e pedir a su madre falsifique los documentos que nos dio. Los que falten, serán cumplimentados por don Justo y el inspector”.

“¿A qué tanto papel – le dije enojado – e tanto trafego para una huída? Tomemos el coche e viajemos”.

“Erráis, querido amigo – me contestó cerrando los ojos -, pues en poco tendríamos otra vez a esos guardias intentando enviarnos al infierno aunque estuviésemos en el lugar más remoto e desconocido de España. Habemos de salir deste país por un buen tiempo e sin ser seguidos. El trazado que os manifiesto es el único posible según mi parecer y el de otros dos expertos. Confiemos en que nos lleve a buen fin. Mucho me temo que habremos de pasar una larga temporada lejos de aquí. Pensad en la parte buena dello, que así todos aprenderemos e apreciaremos luego mejor la vuelta. Para los que nos conocen, habremos salido de viaje; para la guardia, habremos desaparecido mas, el Capitán Alacaída dejará sus marcas por aquí de vez en cuando, que es esta la única forma de que no se os dé por muerto e perdáis todo lo que es vuestro. Una nave, como bien dijo Marinín, nos llevará como si fuésemos otras personas hasta nuestro… escondite. Cuando volvamos, ya no seremos los mesmos”.

“¡Vaya «chuli», papá! – exclamaron entrambos niños (incluido lo de «papá») -.

“¿Desde cuándo soy vuestro padre? – pregunté riendo a Antonio -.
“Desde que tío Marcos me ha dicho lo seréis – respondióme de contento -, que cambiaremos de nombre mas también seré hermano de Marinín e hijo de vuesa merced”.

E no sabiendo respuesta alguna que dar, caté el nuevo plato del nuevo cocinero e dije:

“Pláceme”.

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