28 abril, 2007

De cómo deben comerse los callos

ugábamos en la alfombra del salón Marcos, los niños e yo en tanto Su Ilustrísima estaba en sus lecturas e, oyendo nuestras risas e viendo nuestras luchas, mirábanos a veces con ojos inquisitivos e luego sonreía e movía la cabeza: «¡Qué le vamos a hacer!”.

Entró Ramón e restó quedo mirándonos por ver si podía hablarme.

“¿Dios, qué os pasa? – le dije -, que nada interrumpís de importancia, sino unos juegos para pasar el tiempo”.

“Excusadme, señor – dijo -, pues sólo quería preguntaros si servimos los callos picantes. Es por los niños…”.

“Por los niños no habéis de preocuparos, María lo sabe – le dije riendo -, e ninguno de nosotros padecemos de hemorroides. Ponedlos bien picantes, que es la costumbre de la tierra y el gusto de Su Ilustrísima”.

E dando las gracias por lo aclarado, hizo reverencia e retiróse a las cocinas.

“Los callos (el menudo que aquí se llama) con garbanzos e picantes son unos de mis platos favoritos – espetó don Juan - ¿Quién se come ese plato si no pica? Sin picar me los sirvieron en cierta ocasión e pedí al sirviente trujese unas guindillas, que si no pican, paréceme no los como”.

“Siempre se han comido en mi casa picantes – le dije -, que es así como están exquisitos. A Dios gracias no he padecido en vida tan larga de hemorroides”.

“¿Qué son hemorroides? – preguntó Antonio - ¿Acaso es otro plato parecido?”.

“No es un plato, hijo – dijo don Juan -, sino un trastorno del cuerpo que se acentúa comiendo cosas picantes. Tal vez lo conozcáis por «hemorranas»”.

“Sin saber sigo de qué cosa habláis, tío Juan – insistió Antonio -, que si con los callos hemos ranas, preferiría no comerlas”.

E acercándose Marinín a Antonio, le dijo quedo:

“Callaos, hermano, que no son éstas horas de hablar desos asuntos. Luego os lo diré todo”.

E comiendo luego Antonio el menudo con garbanzos en su salsa picante, exclamó:

“Si son éstas las ranas de las que habláis habremos, un día sí e otro no las comería”.

En Sevilla e a veinte e ocho de abril del año de dos mil e siete.

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