omo mi difunto hermano advirtióme e mi hijo coligió, el sello de oro encontrado al fondo del Tajo de Ronda significaría la puesta en función del reloj parado de mi vida. Así, subí en secreto al dormitorio e, tras unas oraciones, puse el anillo al dedo.Viendo luego Marcos lo llevaba, acercóse a mí con cautela e con respeto e dijo:
“Marino, amigo mío del alma, el sello de vuestra familia veo en vuestra mano. Quizá no lo habéis pensado; ya sabéis el efecto que ello causará y a mí me causa grande dolor, pues pensar que os lo ponéis es pensar en que un día moriréis; es pensar en un suicidio lento e penoso”.
“Nada de lo que decís debéis pensar – le dije -, pues nadie sabe sino Dios el día e la hora. Mi misión en esta luenga vida de torturas creo ha acabado. Si es cierto como se me dijo que este sello me llevará a la tumba como a todo ser humano ¿os parece suicidio? Solos no quiero dejaros, ni a vos ni a mi hijo, mas no quiero mi vida sea estorbo para todos los que me rodeáis. Dejemos a Dios cumpla su misión como yo he luchado por cumplir la mía”.
“No sepa nadie más – respondió quedo – aquesto que comentamos. Cúmplase la voluntad del Altísimo, no la nuestra”.


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