sistió Ildefonso perplejo a todo lo visto e oído e, quizá porque olvidásemos un poco el pasado, nos propuso ir a su tahona e mostrarnos (más que a nosotros a los niños) cómo se hacían el pan e los dulces de crema. Así, anduvimos una pieza e tomó Carlitos su mano e le iba preguntando cosas e venían Antonio e Marinín a nuestro lado.“¿Qué hacéis, Antonio? – exclamó en risas Marcos -, que tiráis de mis ropas e haréis llegue el cuello al suelo”.
E riendo, le dije era costumbre suya tirar de las ropas, e buena señal, que le demostraba tan extrañamente su cariño. E al oír esto, volvióse hacia él e, tomándole la cara entre sus manos, le dijo:
“¡Ay, mi pequeño!, os dejaré un día tiréis de mis ropas hasta partirlas si es menester. Venid conmigo; poned vuestra mano en mi cintura e yo pondré mi brazo sobre vuestro hombro. Agora, andaremos tres pasos adelante e uno hacia atrás”.
Y en estos juegos, riendo, llegamos a la tahona. Al entrar allí, advertí Antonio se separaba de Marcos e miraba las máquinas e los hombres que allí trabajaban e, volviendo hasta Ildefonso, le dijo:
“¡Vaya! No he visto nunca amasadoras ni hornos como estos. Cuando sea mayor y estudie, he de tener mi tahona”.
“E si yo os sigo viendo, pequeño – le dijo Ildefonso -, a fe que a ponerla a funcionar he de ayudaros e deciros mis secretos, que de mi padre vienen. Se pondría en otro lugar, pues si la ponéis aquí al lado, ni uno ni otro ganaríamos dinero”.
E miraba con entusiasmo todo aquello e iba cogido de la mano de Ildefonso e le hacía preguntas y éste les decía a todos lo que allí se hacía.
“Tío Marino – me dijo al salir -, repartir el pan no me ha dejado estudiar, mas quiero ser panadero como doña Carmen en Grazalema”.
“Tampoco ponedle allí una tahona – le dije -, pues de seguro le buscaréis una ruina, que algo me dice seréis un buen tahonero”.
E luego desto, le vi caminar junto a Ildefonso por la calle el resto del paseo e, acercándose a mí Marcos, me dijo quedo:
“Al suelo llegará el cuello de Ildefonso”.
En Ronda e a diez de febrero del año de dos mil e siete.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario