02 febrero, 2007

Del día de los cuatro avisos (1/2)

n la Calle Estrella estuve esta mañana con el arquitecto que allí iba a construir para doña Julia e con ella mesma y don Justo. Así, yéndonos a la parte más baja e más estrecha del edificio – donde hallábase la entrada a las cocheras -, le dije observase hacían las calles Estrella e Argote de Molina un ángulo de unos veinte grados.

“No es capricho que este edificio tuviese forma de cuña – le dije –, sino que las yacentes columnas que bajo el suelo se encuentran forman justo el tal dicho ángulo; e sobre ellas estaban asentadas las principales paredes de la casa. Tal cosa, formó un edificio afilado aquí abajo o, si lo preferís, dos calles que se bifurcan. La casa de número cinco en esta se apoyaba e cayó, e las otras dos, que a Bamberg dan, en pie han quedado”.

“Imagino – dijo el arquitecto – sabéis esto no sólo por haberlo oído”.

“Sin duda, señor – respondíle -, que ya doña Julia os habrá dicho pueden verse las columnas e «otras cosas» que mejor sería no comentar”.

“De grande ayuda me sois, excelencia – apuntó -, que aunque voy a buscar las tales columnas de base, en sabiendo por vos mesmo lo que hay bajo el suelo, tengo la técnica precisa para no remover terreno alguno”.

Habiendo tenido este encuentro e aclarado muchas cosas más, volví a casa e pensé tenía tres avisos importantes que dar por el teléfono, pues la idea de Su Ilustrísima era de tener en cuenta. Así, di aviso para que Fran pasase el sábado con nosotros acompañado de sus padres e, luego, el mesmo aviso le di a la familia de Benito, mas, no habiendo ellos coche, les dije iría Valeriano a por ellos e vendrían a la casa todo el día. E no habiendo impedimento por ninguna de las dos familias, en esto se quedó.

Sabía iba a tener en casa muchos niños e le dije a Su Ilustrísima debería ayudarme a que se mantuviesen la mayor parte del tiempo tranquilos, mas ya había yo advertido que Antonio, Carlitos y Edu, no revolvían el ambiente como una semana antes lo hacían.

“De sacerdote – me dijo don Juan – a obispo llegué e fui enviado a Ronda, mas nunca he bregado con estos diablillos pues nunca he sido maestro, mas creo que mi experiencia, corta al compararla con la vuestra, me ha enseñado cómo sólo con palabras, bien expresadas, puede narrarse un cuento de interés, sin mucho de interés, si se sabe darle intriga. Dejad que esos niños se acerquen a mí”.

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