uise dar un paseo matutino por ver el amanecer desde el puente e, levantándome estaba, cuando me tomó la mano Marcos:“Esperad, Marino ¿Dónde vais tan temprano que ni aún es hora para la misa?”.
“Quiero dar un paseo en solitario por esta ciudad e volver a ver su amanecer – le dije -, que tiempo ha que no lo hago”.
E levantándose a priesa por sobre Víctor, corrió a la puerta, salió al pasillo e volvió con mi jugo de naranja. Acercóse a mí entonces Víctor con extraño al verme beber e preguntó:
“¿Acaso es sólo zumo o lleva alguna otra cosa que lo haga delicioso o curativo?”.
“Nada lleva, sino naranja – le dije -, que ya en bebiéndola sola es deliciosa. Es mi costumbre tomarla como la primera cosa que el día hago”.
E acercando la copa a sus labios, le ofrecí lo probara. Bebió un poco e hizo gesto de gustarle, e con esto le dije:
“Pediré se os ponga uno antes del desayuno, que éste necesito bebérmelo yo, aunque muy a gusto lo compartiría con vos”.
Volvió Marcos a la cama e dijo prefería dormir un poco más e Víctor, muy quedo, me dijo al oído si no le importaría diese el paseo conmigo por ver ese amanecer que yo decía tan maravilloso. Así, le hice un gesto para que me acompañase, fuimos al aseo e nos pusimos las ropas sin hacer ruido e salimos con cuidado.
Llegando ya al puente, me dijo el joven no había visto nunca lugar tan hermoso a esas horas e pasamos al otro lado para ver subir el sol.
“Hace frío agora – le dije -, mas luego hará calor, que en eso es Ronda igual que Sevilla aunque más fresca”.
“Una sauna me ha dicho Marinín habéis en Grazalema – dijo entonces – e me parecen saludables los vapores para limpiar la piel”.
“No es sauna – le dije en risas -; es algo parecido que por nombre tiene temazcal. E no es sólo para tomar vapores, sino para ciertas curas. Tomo la naranja, que ya es costumbre, siempre que puedo antes de levantarme, pero no como remedio a ningún mal; es el temazcal un lugar de vapores, pero bastante especial, que alguna gente debería usar a menudo”.
“¿E me permitiríais conocerlo – dijo – e saber cómo es e cómo funciona?”.
Con esto, le puse mi mano e mi brazo en el cuello e me miró con asombro.
“Algo tenéis en vuestro interior muy bueno – le dije -; quizá a eso se refiriera Su Ilustrísima. Usando el temazcal podríamos mejorar vuestro cuerpo e vuestra alma. Mas tendréis que ayudarme a recolectar ciertas plantas e a cocerlas, que no habemos servicio en Grazalema”.
“Así lo haremos – dijo de contento -, que sé todo lo que hacéis es bueno”.
E seguimos mirando el amanecer.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario