entados a la mesa temprano en desayunándonos, volvió Ildefonso a decirnos a todos debería partir para Ronda, pues muchos días llevaba ya sin asistir a su trabajo, e le preguntó Marcos si no había dejado encargado alguno que lo administrase.“Sin duda, Marcos – le dijo éste -, que uno de mis mejores hombres sabe llevar el negocio tan bien como pueda hacerlo yo ¿Queréis me quede aquí por que os haga menester?”.
“No, no, no es aqueso – respondióle Marcos al punto -, sino que agora que tenemos más tiempo por conocernos…”.
E mirándole Su Ilustrísima sobre las gafas con extraño, le dijo:
“¿Acaso pensáis no vais a veros mas? Este sábado e domingo deberíamos pasar todos esos días allí como descanso. Desta forma, le daría yo una vuelta a la casa e ya restaría allí algún tiempo, si tampoco habéis menester de mi presencia. Que empieza a perecerme ya que a Ronda, sin mi presencia, le falta alguna pieza”.
E no queriendo yo decir cosa alguna de la amenaza recebida, les dije:
“Un descanso hemos de tomar e se irá a Grazalema, que también a aquella casa habrá que darle una vuelta. Llamaré a Rafael e a Valeriano, e con el coche de Ildefonso y esos otros dos, esta mesma tarde nos iremos todos e volveremos el domingo, que son ya los días mucho más largos”.
Y en oyendo esto, vi soltaba Antonio la cuchara, miraba a Marinín e me miraba con tristeza:
“¿Qué os pasa, hijo? – le dije - ¿Teméis acaso separaros de vuestro amigo? No tengáis cuidado por eso, pues he de llamar a vuestra madre para que os vea, mas volveréis con nosotros si así lo quiere ella e lo deseáis vosotros”.
“Os prometo, tío Marino – dijo preocupado -, que estudiaré por las mañanas e no haré mucho ruido. A Carlitos le gusta estar con María o Cayetano e por la tarde viene Edu e jugamos todos”.
Terminado el desayuno, llevéme al pequeño a mi bufete e di aviso a la vecina de doña Pastora:
“Veréis cómo salta de contento – le dije -, que ha tiempo que no os ve”.
Respondió la vecina e preguntéle por Pastora e, también esa mujer hubo gran contento e alegría, mas me dijo le habían buscado trabajo de sirvienta en una casa por las mañanas e que llamase a medio día. Así, le pedí hablase con Antonio por saludarlo e le dijese aqueso del trabajo. Habló Antonio con ella (que más que hablar, oía e reía).
“¡Dizque mi mamá está trabajando! – exclamó -, agora ganará ella los cuartos”.
“Así es ¿Veis? – convencíle -. Recordadme volvamos a llamar tras el almuerzo e hablaréis una pieza con ella”.
“Sí, tío Marino, mas decidle si fuere posible volver un poco más de tiempo a Sevilla”.
“Así lo queréis – le dije -, así lo haré”.


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