23 febrero, 2007

De los preparativos para nuestras fiestas

oté cierta tristeza en la cara del maestro al felicitarme e saber no habría clases e, tomándolo a parte en mi bufete, le dije:

“Nunca celebro mi cumpleaños, maestro, e bien sabéis no quiero el niño pierda sus clases ni dejar de daros esas «friegas» mas…”.

Y empujándome contra la pared me tomó por el cuello e no quise hacer fuerzas para deshacerme dél mas, al punto, sonrió (como sólo los jóvenes de veinte años lo hacen), e subió sus manos hasta tomar mis mejillas e besóme largamente.

Por quitar importancia a aquello, le dije que venían días donde no habría «friegas», pues el sábado se celebraba la fiesta e luego partiríamos hasta una semana a Ronda con Su Ilustrísima:

“Una cosa os propongo, Víctor – le dije -; vendréis esta semana completa con nosotros”.

“¿Es eso cierto? – preguntó -; necesito avisar en casa e a otros alumnos e no quiero ser de estorbo para vuesas mercedes”.

“A estas alturas de la historia – dije con sorna -, ni a Marcos le preocupa vengáis. Dad los avisos que creáis pertinentes e ya os daré aviso yo de veniros una noche antes a dormir aquí para partir temprano. Sin duda, saldremos para Ronda el mesmo domingo temprano por la mañana”.

“Perdonad el atrevimiento que he tenido con vos, excelencia – me dijo cabizbajo -, si pensáis he hecho mal, espero me lo reprimáis”.

“Eso haré – contestéle – agora mesmo”.

E, acercándome a él, le empujé contra la pared, tomé su rostro e le besé.

“Lo hablado sobre los estudios quedó bien claro – abrí en esto la puerta -. Tendremos una semana de descanso e seguirán las clases”.

Luego desto, esperamos una buena pieza hasta llegar Valeriano e todos nos fuimos a Sevilla a ver cosas muy interesantes, a tomar el almuerzo en lugar de gran lujo e volver ya para la cena.

“Jo,papi, ¿se puede querer a más de una persona al mesmo tiempo?”.

En Sevilla e a veinte e tres de febrero del año de dos mil e siete.

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