ocaron a la puerta muy temprano e oí la voz de Marinín.“Pasad, hijo, pasad ¿Acaso necesitáis alguna cosa? Aún es muy temprano”.
“Nada me pasa – dijo acercándose -, sino que llevo despierto ya una buena pieza e los otros todos duermen”.
“También yo dormía – respondíle en besándolo – e hay aquí más gente que duerme”.
(Que dormía, dijo Marcos).
“Es que yo quería hablar con vos – continuó – e luego no podremos en todo el día”.
E mirándole con extraño, tomélo por la cintura e le dije:
“Pues subid aquí a mi lado que aún hace un poco de frío para andar descalzo e decidme qué es eso que queréis hablar, mas ya sabéis están tío Marcos y vuestro maestro aquí. Si el comentario es privado, habrá que esperar a otro momento”.
“No, papá – dijo sonriendo -, que nada privado hay, sino que estando despierto e habiendo tiempo sé me oiríais”.
“A fe que os oiré e os oiría en cualquier momento, mas hablad quedo por no molestar a nadie”.
“Sí, si – respondió de contento -, no quiero ser de estorbo para nadie, sino deciros lo que pienso e oír lo que pensáis”.
“Decidme pues, hijo – me miraba con sus ojos muy abiertos -, eso que pensáis e yo os diré lo que pienso”.
“El tiempo pasa de espacio – comenzó – e una vez me dijisteis que, pasando de los veinte años, el tiempo pasa muy rápido (asentí). Esto que digo sé no es así para vos, que otra forma de vida tenéis, mas ¿podría yo cambiar la mía?”.
“¿Queréis cambiar vuestra forma de vida? – preguntéle con extraño - ¿Acaso no os gusta la que Dios os ha dado?”.
“Dios debe saber qué forma de vida da a cada cual – puntualizó - ¿No es así? Lo que os pregunto es que, sabiendo vos también cómo cambiarla…”.
“Hijo – dije más en serio -, lo que decís puedo hacerlo, pero también puedo aseguraros que hacer vuestra vida muy larga con vuestra edad no me parece apropiado e os haría muy infeliz”.
“A cosa tal no me refiero – dijo -, sino a hacer pasar el tiempo agora más deprisa y en llegando los veinte, más de espacio”.
“Me habláis – asustéme -, de parar el tiempo de vuestra vida cuando paséis los veinte, según entiendo ¿E sabéis qué edad tendré yo entonces?”.
“¡Pues claro! – exclamó seguro -, la mesma que agora tenéis”.
Estaba el maestro despierto y, en oyendo esto, dio un salto en la cama e nos miró casi con horror:
“Espero lo que habéis estado diciendo – farfulló -, o sea fantasía o no sea cosa de brujería, que de parar el tiempo a vuestro antojo habláis”.
“Es una forma – dije por quitar importancia a lo oído – de decir las cosas. Nadie puede detener el tiempo así como así o ponerlo en marcha más rápido. Quizá Dios pueda”.
“A fe que no es eso lo que he entendido, excelencia – dijo asustado e despertó a Marcos -, e sabiendo tenéis un cierto privilegio e sanáis ciertos males… Aunque, por las apariencias, no diría yo tenéis quinientos años”.
“Los tengo, Víctor – le dije -, los tengo. Recordadme os dé razones desto en otro momento, mas nadie va a cambiar su vida por otra más luenga ni a parar su reloj a su antojo. Mi edad se debe a circunstancias, no a mi propia voluntad; e puedo aseguraros que una vida luenga como esta no es agradable. A veces, quizá; que estar rodeado agora por vosotros me hace feliz”.
E incorporándose Marcos e dándose la vuelta, puso su barbilla en el hombro de Víctor en diciendo:
“Esto no lo vais a entender con facilidad. Tomadlo como es. Yo mesmo os narraré algunas cosas, mas bajo ninguna causa os asustéis ni penséis hay algo de hechizos. Tomad las cosas como vengan”.
“¿Y sabe de esto Su Ilustrísima? – preguntó el joven con intriga-.
“¡Sin duda! – le dije en risas -, que cuando nació le cambié yo mesmo muchas veces los pañales”.
“¡Qué horror! – exclamó -, quiere decir eso que nos veréis crecer e morir a todos”.
“Por el camino apropiado vais”.
Un tanto asustado estuvo toda la mañana nuestro querido joven maestro e pocas palabras dijo, sino que anduvo preguntando a Marinín algunas cosas por saber más de aquello de las edades. Mas vino mi hijo a mí con preocupación, pues pensaba su maestro Víctor debería saber más sobre este asunto. Durante el día poco se habló e anduvimos en paseos por la ciudad, que aún conocida por el joven, despertó en él cierto interés.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario