11 febrero, 2007

De los descubrimientos de la madrugada (2/2)

nía sobre su mano una bola de cristal de hasta diez centímetros de diámetro que era de cristal azul en su parte baja e transparente por arriba, dejando ver una extraña escritura en su interior. Estaba dicha bola asentada en una peana de madera que él sostenía con la mano abierta.

“Diría yo es una bola de bruja – le dije con asombro -, si no fuese por ser de color, mas también podría ser objeto de escritorio; como un pisapapeles”.

“No erráis – dijo sonriendo -, que como pisapapeles debió usarse, mas no destos que impiden que el aire fresco se lleve el papel, sino más bien que se impediría que se lo llevase un fresco”.

E levantando la bola con la otra mano, comenzó a sonar una estridente música que avisaba se había levantado de la superficie.

“¡Santo Dios! – exclamé -, que tal fiesta hace que despertaría a los niños”.

“No creo llegue arriba el sonido, sobrino – prosiguió -, mas no es esto sino una muestra curiosa de las muchas cosas que aquí están encerradas”.

Guardó la bola e sacó una caja de madera obscura, de poca altura e bien ancha, que a un lado del frontero tenía un adorno casi redondo como un botón.

“Gira este botón a un lado e a otro – me dijo -, mas tiene un tope. Cuando se gira, se notan pequeños saltos, como estos de las cajas fuertes de agora”.

“Es misteriosa e bella – dije con asombro - ¿Qué contiene? Parece pequeño maletín de pinturas o estuche de una arma”.

“Lo que contiene, sobrino – movió la cabeza -, aún no lo sé. Sólo puedo deciros que he probado todas las combinaciones posibles deste botón a modo de cerradura e jamás he logrado abrirlo; e si lo agitáis, os parecerá está vacío, mas aunque fuese de madera maciza no habría este peso. Tomadla”.

Con miedo, incluso, la tomé entre mis manos con sorpresa, pues no se correspondía su peso a su tamaño.

“Id mañana a Grazalema – me dijo – e, cuando volváis otra vez, procurad venir con un poco de tiempo. A solas os dejaré aquí por ver si encontráis el secreto desta caja”.

En Ronda, la madrugada del día once de febrero del año de dos mil e siete.

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