05 febrero, 2007

De la vuelta a casa con nuevos propósitos

alimos de la sala cuando volvieron a encerrar a Marcos (aclarado ya se haría sin mantenerle atado) e tomando estaba mis cosas con Valeriano, cuando se acercó el inspector:

“Excelencia – dijo -, sabéis os he ayudado cuanto he podido e más de lo posible he hecho por vos. Yo también he sido engañado, pues hasta agora no he sabido nada desto. Muy buenos recuerdos tengo de Marcos, mas nadie sabe si alguien puede perder la cabeza aunque sea por un motivo pequeño”.

E volviéndome lentamente a él, le dije poniendo mi mano en su hombro:

“De ninguna forma puedo agradeceros lo que habéis hecho por mí, mas no entiendo tampoco, de forma alguna, por qué no habéis movido un dedo por vuestro amigo Marcos. Entre vos y el inspector [leonés] dos días tenéis para poner a este pobre hombre, amenazado por ser mi amigo, obligado a robarme e a mentirme, amenazado con la prisión por haber destruido mi palacio e mi vida, torturado y – gracias a sus conocimientos – tomado por loco y atado y encerrado y drogado sin juicio alguno, aún habiendo pruebas de su inocencia. ¿Quién va a sanarle agora a este hombre el daño que se le ha hecho?”.

“Yo mesmo lo haré si ello fuere preciso – me dijo poniéndose firme ante mí -, e a vos os pido toméis las medidas necesarias para solucionar de una vez este entuerto. Dad las órdenes e las cumpliremos. No es necesario aviséis al inspector leonés, pues yo mesmo me encargaré de que esté aquí el martes. El miércoles, si Marcos no está con vuesa merced en casa (que a mí no ha de demostrarme está más que cuerdo), os pido dictéis orden de que se me expulse del cuerpo”.

E mirándolo con asombro una pieza, estreché su mano con fuerzas:

“Nadie, sino esta cuadrilla de guardias corrompidos, va a pagar lo hecho hasta agora, mas si me sois de ayuda, dos favores os deberé”.

Así, tomamos el coche e advertí a Valeriano no se hablara nada desto en casa. Llegando allí con nuevos ánimos, recebí la bienvenida de todos los niños y agradecí el interés de Su Ilustrísima e Ildefonso por lo acaescido e, ya a solas con Marinín antes del almuerzo, le dije:

“Tío Marcos está muy bien, pequeño. En poco lo tendremos aquí con nosotros, pues ni está en presidio ni enfermo”.

E abrazóme e besóme e pidióme licencia para dormir una noche con nosotros.

El lunes ha sido día de trámites e papeles, mas he manifestado a don Justo mi deseo de intervenir en este caso como defensa, e aún no siendo experto en asuntos criminales, ofrecióse con gran interés a ello.

En Sevilla e a cinco de febrero del año de dos mil e siete.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario