legados a la casa, corrieron los niños hacia Marcos como si nadie más hubiese allí entrado.“¡Tío Marcos, tío Marcos! – le gritaba Marinín en abrazándole -, decidme dónde os habéis ocultado de nosotros cuando más os necesitábamos”.
E agachándose ante mi pequeño e mirando sus bellísimos ojos, le dijo:
“Tal vez Dios ha sido el que ha querido que así sea, pero he tenido que esconderme un tiempo. Ese tiempo se ha acabado”.
E hubo gran fiesta e gran contento entre todos ellos e me miraba Su Ilustrísima con asombro.
Después de saludarlos a todos, acercóse don Marcos a Su Ilustrísima e le dijo:
“Sé os disgusta, monseñor, mas así que os pido confesión de mis faltas voy a besaros el anillo, que aunque penséis que sólo sois un ministro de Nuestro Señor, todo lo que me habéis enseñado desde que os conozco me ha dado las fuerzas para estar hoy aquí con vuesas mercedes otra vez”.
E vi con asombro que Su Ilustrísima elevaba la mano para ser besada:
“Besad luego la cruz – le dijo poniendo su otra mano en su cabeza -, que no todo os lo he enseñado yo”.
E volviéndose a los pequeños e haciéndoles cosquillas, les dijo:
“Compraré unas ropas de colores e os haré una función con cuentos maravillosos que no podréis creer, que además de abogado, estudié dos años arte dramático e os mostraré cómo puede convencerse a alguien de que está viendo ante sus ojos lo que no existe”.
E pasamos el resto del día todos muy unidos e, tomándome luego a solas Ildefonso, me dijo que debería partir a Ronda por tener abandonados sus negocios; e me pareció ya abusaba de su amabilidad. Con esto, acercóse Marcos a nosotros e sonriendo a Ildefonso le dijo:
“No, amigo, no. Dad aviso a Ronda de que os demoraréis un par de días al menos, que con nosotros quiero estéis. Perdonad mi reacción en días ya pasados, que mi amigo os considero e no es cuestión de haber celos entre amigos”.
E ya solos en el dormitorio, no pudo evitar Marcos romper en llantos abrazándome fuertemente: «No soy culpable desto, mas como culpable me siento».
En Sevilla e a siete de enero del año de dos mil e siete.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario