ra ya tarde en la noche e acercóse Marcos a la gran cristalera a mirar al jardín:“Cristalera tan grande como esta no he visto en mi vida – dijo -, que acercándose a ella deja ver tanto el cielo como la tierra. Llueve agora, e las gotas que caen, al trasluz se ven como perlas. No sabéis, Marino, lo que se siente encerrado en un lugar donde nunca es de noche ni de día, sino que encienden o apagan la luz artificial”.
“¿Os preocupa eso – preguntéle – más que estar atado día e noche?”.
“Pensé – dijo volviéndose hacia mí -, que por mucho deseo de no estar allí que hubiese, allí habría de estar. Tal cosa me ayudó hasta que, un día, mirando de soslayo, parecióme ver vuestra silueta al otro lado del cristal. Pensé que tal vez había terminado aquella pesadilla”.
“Demasiado tiempo ha sido – le dije -, que hasta no tener las pruebas e descubrir toda la trama no pude pensar siquiera en visitaros. Estáis agora fuera de tal pesadilla e sólo necesitáis tiempo para volver a sentir la vida como siempre”.
“Dificultoso será la viva como siempre – razonó -, pues aunque pudiese olvidar lo pasado, cada experiencia vivida nos cambia; y esta me habrá cambiado. Mas puedo aseguraros me ha dado fuerzas e más ganas de volver con esta gente maravillosa que he encontrado… e con vos”.
“Descansemos agora – le dije -, que han de venir muchos más días uno tras otro e, con algunas diferencias, todo será como antes”.
“Sí, descansemos – dijo mirando por las cristaleras -, que un día todo lo pasado será en verdad pretérito ¡Santo Dios!, ya había olvidado el sonido de la lluvia y el viento. Corred las cortinas del dormitorio hasta que me acostumbre a que en una de las paredes haya una ventana donde pueda asomarme. Esta casa es tan abierta, y aquello era tan cerrado, que necesito acostumbrarme”.
“Así lo haremos – le aseguré – e volveremos a yacer entrambos solos e a referirnos todo lo vivido. Sabed que Marino comparte su cama con Antonio. Casi parece es hijo de mi carne e de mi sangre”.
“¿Y yo? ¿Qué soy para vos?”.
En Sevilla e a ocho de febrero del año de dos mil e siete.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario