01 diciembre, 2006

Del segundo día de obras e los planes

sta mañana, muy de temprano (aún casi de noche), oí ruidos en el salón; me parecieron los sonidos de las palas e las mezclas e de movimiento de piedras. No quise levantarme por estar Marino a mí abrazado e durmiendo profundamente, sino que usé ese tiempo para hacer nuevos planes. Siendo ya primero de diciembre, pensé sería posible celebrar el día de la Inmaculada Concepción con las obras terminadas e la casa ya bien amueblada. Necesitaba Marcos me ayudase a preparar papeles e ponerme yo mesmo, si fuere menester, a hacer mezclas, enjalbegar o mover muebles.

Cuando vi Marinín despertaba e me miraba con ojos lagañosos, le besé e miré sus profundos ojos: «¿Habéis dormido bien?».

Nos aseamos e vestimos e bajamos. Un hombre iba dando la forma de arco al hueco, perfilándolo, otro preparaba ya los escalones e los otros dos trabajaban en la parte trasera. Nos desayunamos en el salón, pues hubo que quitar la mesa de delante del nuevo paso e tapar los muebles con sábanas. Al poco, apareció un hombre de la casa de muebles e, aunque ya habíamos terminado nuestro refectorio, fuimos con él a la nueva cocina por hacer unas medidas e concretar el mueble que iba a ponerse e algunas otras cosas que nos aconsejó debería llevar la cocina moderna. Así, le confirmé la compra siempre poniendo la condición de la máxima rapidez, mas me dijo este hombre que los muebles ya están hechos e sólo hay que ponerlos en su sitio bien afianzados.

“Dícese por estos lugares – apuntó Su Ilustrísima -, que es la sal lo primero que debe entrar en casa nueva, que aunque sea esta prolongación de la otra e no crea yo en supersticiones, sal se pone en el bautismo”.

“Hanse pedido los mejores muebles – le dije -, que no es ésta ya casa alquilada, sino en propiedad. E antes de mudar las cosas de una cocina a otra e montar el nuevo comedor, se traerá la sal. Luego, se mudarán los dormitorios del servicio a estos, que son mejores e bien amueblados estarán como los nuestros; así, volveremos a sufrir otra obra, que quiero la cocina antigüa se una al salón; e será entonces cuando se amueble éste. Paréceme tendremos movimiento durante un tiempo, Ilustrísima”.

“Eso me parece, hijo – comentó -, e tengo yo que volver esta semana a Ronda por ver cómo se arreglan los papeles de Chuti (o Pierre o Pedro, si queréis), que poca cosa queda, sino que vaya él a Ronda, hable con el juez, e firme cuanto haya que firmar para tomar la tutela de Julio”.

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