n el salón e muy quedo platicábamos Marcos e yo con don Juan de lo acontecido en la escuela con Marinín por ver si algún remedio tenía el entuerto, cuando apareció en su trajecito de dormir bajando las escaleras e medio en sueños e, acercándose a mí, me abrazó sin decir nada:“¿No sabe vuesa merced que hay que dar los buenos días? – le dije -; o es que os ha comido la lengua vuestro lorito”.
E mirando a su en derredor dijo casi dormido:
“No sé si es tarde o temprano, que Fermín cerró la ventana anoche e no sabía si ya era día. Buenos días, tío Juan; buenos días, tío Marcos”.
E no me dio a mí los buenos días sino que sentóse en mi regazo e quedóse como dormido.
“Dentro de poco – les dije – habré de subir e llamarlos a todos, que el día de ayer fue de mucho hacer e poco descanso”.
Mas viendo Marcos que mi niño dormía conmigo, levantóse con cuidado e hizo señas de ir a avisar. E vino entonces Servando e le dije quedo que trujese algo de café para Su Ilustrísima e para mí antes del desayuno e que si podía subir a por las ropas de Marinín. E así lo hizo, que nos trujo un buen café e subió luego a por las ropas.
“Cuando despierte un poco más el pequeño – dijo don Juan –, tendrá que subir al aseo e a cambiarse. ¡Miradle agora como duerme con vos! Hasta con los ojos cerrados me parece estar viendo su mirada”.
Tomando la ropa, le fui quitando la otra e poniendo esta muy de espacio, mas parecióme tenía más sueño del debido.
“Anda, pequeño – le dije -, que hoy también hay cosas bonitas que hacer e podréis dormir una buena siesta. Dejadme os ponga esto”.
E así, fue poco a poco despertando e le puse sus ropas, mas quedó sentado junto a mí e con la su cabeza echada sobre mi capa. E bajaron al poco todos con Chuti e vi Fermín también venía muy dormido.
“¡Esas charlas nocturnas! – dijo Su Ilustrísima -. Mientras se habla, no piensa uno en que hay que levantarse al llegar el día. ¿Queréis sentaros aquí conmigo e os cuento una nueva historia?”.
E sin decir palabra alguna, echóse al suelo e subióse al regazo de su tío Juan e, tomando entre sus manos las cruz, la besó: «¿Qué historia vais a contarme?”.


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