21 diciembre, 2006

Del encuentro de algunas preseas de la finca

onaron las musiquillas (cambiólas Marinín por otras) de mi móvil varias veces en aquella tarde e todo lo platicado no puedo manifestar aquí, mas sí hubo algo que fue importante, pues, buscando la guardia entre los enseres, encontraron un niño Jesús que un experto les dijo era de muchísimo valor e muy rico e delicado e apenas había desperfectos e a su lado encontróse también un muñeco («osito de peluche», dijo). E le pedí fuesen enviados entrambos con la máxima urgencia a Grazalema. E ofreciéronse Valeriano e Ildefonso a ir a Sevilla a recogerlos, mas díjome el inspector De Lema que saldría un coche de la guardia en custodia dellos e que le diese la dirección correcta de la entrega en el pueblo. Así mesmo, le dije si había guardia que de espadas distinguiese, e hablé con un hombre que por nombre me dijo tenía Manolo. Así, le dije si sabía distinguir entre una espada medieval, un estoque, una ropera (o rapière), un florete italiano e un sable. E aquel hombre aseguróme sabía mucho desto, pues preguntóme a qué tipo de ropera y de sable me refería. Con esto, dile las señas para que buscase ciertas espadas por su forma e su color, las envolviese con seguridad e las enviase con el niño Jesús y el muñeco. E púsose este hombre a describirme la armas con tal precisión, que pude elegir las que quería se me enviasen e pedíle conocerle cuando volviese a Sevilla, pues no todos saben destas armas e deste arte como sabía este hombre Manolo.

En dos horas, paró en la puerta el coche de la guardia e pasaron los enseres a la casa e quisimos tomasen alguna cosa, mas dijeron que estando de servicio no podían aceptarlo, pero acabaron catando la chacina con algún refresco.

Desta forma, cuando ya volvieron a Sevilla entrada la noche y el mucho frío, pedí a Marinín subiese conmigo a mi estancia e así le dije:

“Hijo, de vuestra confianza no quiero abusar, mas tampoco quiero ser oneroso para Su Ilustrísima. Como dentro de vuestro muñeco…”.

“¿Qué cosa decís? – me interrumpió - ¿Acaso vais a pedirme licencia para usar un dinero que os dije era vuestro?”.

“Os prometo, y es esta una condición – respondíle -, que una vez solucione yo mis empresas, debe quedar dentro de vuestro muñeco lo mesmo o más de lo que hay. Tal vez algún otro día nos sea menester”.

“Si es ese el motivo – dijo -, llenadlo cuando podáis, mas no pedidme licencia ni para tomarlo ni para devolverlo, que para vos lo recaudé”.

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