a de temprano estaba yo despierto y era aún obscuro e no quise moverme por no despertar a Marcos, e al cabo de una pieza, advertí me miraba.“¿Qué hacéis vos despierto a estas horas? – le dije quedo -. Dormid que tiempo os queda”.
“Esperando estaba a que vuesa merced despertase e no quería moverme – contestó -, que nos espera día de mucho movimiento e no quería estorbaros el sueño”.
“Bien andamos – le dije -, que estando uno junto al otro los dos andamos callados por no molestarnos”.
“Levantaos e preparad cuanto os sea menester – dijo – que no quiero sentirme culpable de que os falten los avíos por andar yo desaviado”.
E así me puse a preparar cuanto tenía en mente, pues siempre celebro el día de nuestro muy honrado San Francisco de Javier, que aún siendo otro mi nombre (que al de a un santo italiano se asemeja), celebro siempre éste como el mío, e aunque no todos los años he podido darle cumplimiento como bien me parece se merece, era este año el apropiado, que domingo caía e muchas novedades habíamos.
Me apresté e bajé al salón, aún casi a obscuras, mas ya se había adelantado Su Ilustrísima preparando mesas e sillas e otros enseres para la liturgia.
“Buenos días nos dé Dios, sobrino – dijo sin alzar la voz - ¿acaso os habéis caído de la cama o es que habéis oído que aquí abajo había ya movimiento?”.
“Ni lo uno ni lo otro, Ilustrísima – aclaréle -, sino que ya no podía dormir más por ser hoy el día que es”.
“Deso no tenéis que darme razones – dijo en sonriendo – que aunque yo no haya vivido toda mi vida junto a vos, sí habéis vivido vos mi vida entera. Es este año día especial, pues muchas novedades hay e de todas ellas debemos dar gracias, que no toda vuestra vida ha sido un camino llano e parece agora enderezarse”.
“Tan bien lo sabéis como Él – le señalé arriba -, pues poco o ningún secreto os guardo. Preparad vuestras cosas, dejad que el servicio os ponga las mesas e las sillas e pronto bajará Marinín para asistiros, que no quiero presumir de hijo, mas me parece os acompaña un ángel cuando decís la misa”.
“Nunca – me dijo quedo -, nunca en toda mi vida, me he sentido asistido en una misa como agora que lo hace Marinín. Pareciese hay algo…”.
“Seguid – concluí -, que no quiero os veáis luego con las priesas”.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario