briéronse las puertas a las ocho e ya estaba allí esperando el otro inspector con su ayudante e les hicieron pasar. Fuimos avisados e despertó el pequeño e púsose en llantos. Consoléle e le dije no había de temer nada e que estaría una pieza con una mujer que le daría un buen desayuno e que ayudase luego a los hermanos a dar el desayuno a los viejecitos e que les dijese cosas e les hiciese felices; y esto hizo.Con esto, pasamos todos al despacho del hermano mayor en cónclave e comenzóse a hablar de datos muy concretos. Así, trujo el inspector muchos papeles y, entre ellos, había una lista de los posibles fallecidos, que hubo de tomar muestras de trozos de cuerpos para averiguarlo:
“Es necesario os diga estos nombres, capitán – me dijo el inspector -, pues deberéis confirmar si son verdaderos o pudiesen no serlo. No hay cuerpo completo e la labor es dificultosa, que han de reunirse las partes de cada uno para ser estudiadas antes de su sepultura, que no podrán ser incinerados hasta conocerse toda la verdad”.
“Es duro lo que me decís – respondí con entereza -, mas todo esto he de aclarar hasta llegar hasta el final. Continuad”.
“Parece las personas que allí se encontraban eran las que vos mesmo apuntasteis, pues hase hallado el cuerpo de su sirviente Chuti, la cocinera Catalina e otras dos sirvientas más cuyos nombres aún no hemos determinado, así como los cuerpos de los tres niños; Diego Jesús, Fermín e Julio”.
Respirando profundamente por serenarme, aclaréle las dos identidades desconocidas:
“Eran las mujeres del servicio jóvenes e vestían uniforme como el de Catalina. Podéis buscar sus nombres, pues eran Gloria Rodríguez e Marta Rodríguez. Podéis comprobarlo en esta dirección que os anoto”.
“Un total de hasta siete horrorosas muertes – dijo el hermano mayor – por un puñado de dinero ¡Dios nos ampare!”.
“Algo erráis, mayor – dijo el inspector leonés -, con vuestra venia, quiero aclararos que, además de hurtar la verdadera caja roja y el dinero puesto a buen recaudo con ella, Andrés debe haber ofrecido, al menos, el doble más por la auténtica caja. Así Marcos, viendo tal cantidad de dinero, ha llegado a hacer esto. Mas no sabe este hombre que es víctima, con toda seguridad, de un engaño, que Andrés no sabe hacer otra cosa”.


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