sí como llamó Su Ilustrísima para darme algunas nuevas (aunque no muy buenas), llamó más tarde don Justo, el abogado, diciendo tenía conocimiento de la empresa que quería la finca e que los hombres que con él hablaron de los negocios, parecían muy interesados, pues ofrecían casi el doble de millones en que él pensaba podría valorarse, que incluso la parte que quedó en pie hubo de echarse abajo (e sin mucho esfuerzo), por evitar otros males, mas manifestóme que hubo de cuidar un trozo de muro, pues parecía mantener en pié la casa de al lado y, en oyendo esto, le dije:“¿Y no le parece extraño ofrezcan tal cantidad? ¿No será que saben que en esa finca puede haber algo más escondido que no se ha descubierto?”.
“¿Qué cosa puede haber oculta? – dijo con extraño -, que toda la casa ha desaparecido e no aparece ninguna otra cosa”.
“Permitidme un consejo – le dije –; visitad al anciano matrimonio de la casa de al lado e preguntadles quiénes son los hombres que quieren echarlos de allí arruinando su vida por echar la casa abajo e construir nueva casa ¿Podrían ser los mesmos? Podría ser que uniendo entrambas fincas hiciesen mejor negocio”.
“¿Qué cosa decís? – exclamó - ¿Acaso hay especuladores tratando de dejar vacía esa otra casa por unir las dos?”.
“Preguntad – respondíle -, que tal cosa no cuesta dinero, mas si piensan la finca oculta algo más de valor e no fueren los mesmos interesados, yo mesmo os mostraré cómo averigüar el motivo de tan abultada oferta”.
“Excelencia, oidme – concluyó -; más que yo sabéis desto sin duda, mas pensad que aún podría yo pedir alguna parte más e no tendríais que vender otras propiedades agora”.
“Intentad eso – le dije antes de colgar -, mas he de saber a qué ese interés por una finca”.


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