alimos de la capilla al acabar la misa e hubo unas cortas pláticas e algunas escenas que omitir prefiero, pues aunque todos mostraban su apoyo hacia lo por mí hecho e su dolor por lo sucedido, no podía yo dejar de sentirme culpable. Procuré Marinín no asistiese a estos encuentros, sino que fuése a mostrar algunas partes a Fran e Raúl, que enterados sus padres de lo ocurrido no dudaron en asistir. Raúl ya estaba repuesto mas dijeron habría de hacer una recuperación del movimiento de sus brazos, e Fran no me pareció el mesmo, sino que al verlo ante mí impresionéme sobremanera, pues algo había en su rostro y en la belleza bondadosa de su mirada, que me recordaba a Marinín.Al poco, dije al abogado nos reuniéramos por no partir para Ronda muy tarde e así, ofreció el hermano mayor su despacho, pues le pedí asistiera como asistiría Su Ilustrísima.
“No quiero, excelencia – dijo don Justo -, haceros perder mucho tiempo sino sólo que conozcáis algunos detalles, cual la finca fue fuertemente asegurada porque no entrase alguien que distrajese objeto alguno. Hanse recuperado muchas piezas más de valor e todas están a buen recaudo e, al hablar desto con la policía, hame pedido uno dellos os pregunte si estaríais interesado en vender la finca”.
“Quiero sepáis, don Justo – apunté -, que antes de vender esa finca he de ver yo mesmo y en mis propios ojos al interesado. Supongo, pues sois licenciado, imagináis la razón”.
“Creo imaginarla, excelencia – respondió -, que a veces, ser mal pensado es ser atinado. El resto de lo que he de comentaros es que ya he retirado los documentos de vuestras propiedades como se me pidió, para su venta, mas siento deciros que alguna irregularidad he encontrado, pues ese abogado que los preparó, hizo alguna trampa porque no se pudieseis vender alguna cosa sin su consentimiento. Esperemos que su estado de la mente, incline al juez a nuestro favor”.
“Veo, licenciado – le dije sonriendo -, en verdad en verdad sois justo e severo, como dice vuestro nombre. En esta nota os dejo mis números del teléfono e podéis llamar en cualquier momento e para cualesquiera consultas”.
Terminada la reunión, que no fue luenga, sino muy breve, salimos al patio e pasamos a la otra sala, e todavía había allí gente manifestando lo terrible de lo ocurrido e vi se encontraba don Julio e se acercaba a mí, mas se interpuso en su camino Su Ilustrísima e dióle el saludo e, sin otro comentario, le dijo:
“Agradecidos os quedamos su excelencia e yo por su asistencia puntual, mas he de suponer habéis dejado vuestros deberes para poder venir. Así nos pasa a todos a veces e no hemos de tomar la postura de los médicos, sino que cuando un enfermo nos venga empeorado, ha de ser cuando mejor lo asistamos”.


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