17 diciembre, 2006

De las ayudas brindadas

alimos de la misa e parecía aún amanecer. Encontramos entonces a mucha gente conocida del pueblo e a todas atendimos, que parecióme peor lo sufrían ellos que nosotros. Pedí entonces a los niños fuesen a la plaza (donde ya había sol bastante) e llamé a Antonio, por ser el mayor, e dile una moneda de diez euros: «Tomad; uno por cada año que tenéis. Gastadlo en dulces, pero no todo».

“Diez euros traigo yo hoy también, señor – me dijo sonriente -, que hice un favor a Carmen, la panadera, e me han dejado esta parte como sueldo de la semana de ahora en adelante. Guardaré estos diez que me dais e los pondremos en vuestra casa a buen recaudo e así siempre tendremos dinero para comprar unos dulces”.

“Vive Dios – le dije -, que me parece acabaréis siendo un buen administrador”.

“El dinero de Marinín e mío – contestóme -, en la casa quedará e, no habiendo yo otros gastos, sino estos, mucho más de diez euros ahorraremos cada semana”.

“Os ayudaré entonces – le dije -, pues desde esta mesma semana otros diez le daré a Marinín como sueldo. En poco tiempo, habréis mucho dinero guardado”.

“Antes de partir esta noche vuesas mercedes para Sevilla – dijo entonces -, dejaré unos apuntes de lo que entre e salga de la caja. Ya buscaremos un sitio donde ponerlo”.

“Dos cosas he de deciros, Antonio – manifestéle -, pues a Sevilla no volveremos hasta ser avisados, sino que antes iremos mañana o pasado mañana a Ronda; e la segunda cosa, es que tengo en casa un a modo de cofre con llave e será ese el que podáis usar para vuestras cuentas”.

E quedándome muy agradecido, volvióse para ir hacia la plaza, mas sólo dando unos pasos, volvióse otra vez e preguntóme:

“Abusar no quiero de vuestra amabilidad, señor, mas ¿podría dormir con Marinín esta noche porque no esté solo?”.

“¡Dios Santo! – le dije -, ¿cómo hacéis esa pregunta si sabéis os voy a decir que sí?; mas prometedme pediréis licencia antes a vuestros padres e sabed que no es abuso lo que proponéis, sino un ayuda para Marinín que he agradeceros siempre. ¡Vamos! Corred e alcanzad a vuestro amigo que hacia la plaza va”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario