26 diciembre, 2006

De la verdad del día veinte y tres (3/3)

ostráronseme muchos permisos e algunos mapas del lugar e me fueron entregados documentos que debería portar. Tras un delicioso almuerzo donde se encontraba también Valeriano, tomamos un pequeño descanso e se vieron luego otros detalles porque todo fuese tal como se había trazado. Fuimos luego a una cochera e se cambiaron los números del coche (que a estos llaman matrícula), compré a mi niño e a su amigo unos preciosos regalos e juguetes e, tras una tranquila cena con Valeriano, fuimos a pasar la noche en un hotel que habíase concertado. No salía de su asombro Valeriano al saber el plan, pero dispuesto estaba a cualquier cosa que fuese de ayuda.

Con esto, miramos en el hotel los mapas e las horas e todo lo que habría de hacerse, pues tratábase de llegar a Madrid esa mesma tarde del día veinte e cuatro, solucionar el problema e amanecer en Ronda el día veinte e cinco.

Así, llamé a Su Ilustrísima e preguntéle si todo iba bien e me dijo estaban los niños tristes por no tenerme a su lado en estas fechas.

“Ilustrísima – manifestéle -, sabéis quisiera hablar con mi hijo, mas eso me obligaría a decirle que no estaré en Grazalema hasta la mañana de Navidad. Dios os ilumine para encontrar el modo de que lo entiendan entrambos. Una vez llegado al pueblo, os diré lo ocurrido”.

“Colijo me habláis de obligación ineludible – contestóme a media voz -, e la obligación debéis cumplir antes que la devoción. Dios os acompañe en vuestra empresa e os ayude a cumplirla como sea establecido, que habrá tiempo de darle gracias a Dios cuando volváis; e mi bendición tenéis porque así sea”.

“Agradecido os quedo por la merced que me concedéis – le dije – y el cuidado que a fe pienso tendréis tanto de mi niño como de su amigo Antonio. Dios os lo premie, Ilustrísima”.

Ni Valeriano ni yo habíamos buenos ánimos e, sabiendo nos quedaba un día de mucho movimiento, nos retiramos a nuestras estancias a temprana hora.

En Sevilla e a veinte y seis de diciembre del año de dos mil e seis.

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