uimos avisados temprano de mañana e preparamos lo poco que habríamos de llevar, nos desayunamos e partimos para Madrid e, al salir de Sevilla, preguntóme Valeriano si seguía sintiendo los vértigos por la velocidad e le dije que a todo se acostumbra uno después del mucho uso. Con esto, comenzó el coche a ir cada vez más rápido e, una vez tomada cierta velocidad, parecíame no nos movíamos. Hicimos parada en una venta por haber un poco de descanso e tomar alguna cosa y, mucho antes de lo que yo imaginé, en Madrid nos hallábamos.Fuimos de primero a la dirección que nos dio el inspector leonés e no era sino cuartel de la guardia e, al vernos de entrar allí, se nos dio grave e cordial saludo militar e pasamos, sin esperas, a un despacho. Había allí un capitán que púsose en pie al instante, nos saludó e nos invitó a sentarnos. Desta forma, hubimos unas cortas pláticas e nos dijo el lugar e la hora exacta donde deberíamos esperar e cómo acceder a la casa deste tal Andrés.
Pasamos así la tarde hasta comenzar a venir la noche e, tomando Valeriano las señas que se le dieron, recorrimos muy luengas calles e luego carretera estrecha hasta llegar a un lugar apartado donde había muchas casas grandes e ricas en calles muy inclinadas. Subimos por una dellas e luego fuimos hacia abajo hasta llegar a una esquina. Paró allí Valeriano en lugar obscuro e señalóme un papel en un poste de luz apagada; era la señal que le indicaba dónde debería parar e, tomando los otros datos, mostróme la esquina que a pocos metros quedaba e me dijo que, bajando a mano diestra por aquella que cruzaba, encontraría el lugar que se me había indicado. Muy quedo, bajé del coche en lo obscuro e asoméme a la tal esquina e vi era la segunda casa la deste Andrés. Volví al coche e allí esperamos bajo el frío estremecedor hasta ver salir a la familia e un poco más.
En este tiempo, preguntéle a Valeriano por diversas cosas que yo no sabía y, entre ellas, quise saber si él conocía el coche grande que hubimos para ir a Grazalema e, diciéndome lo conocía bien, pedíle la merced de acompañarme en Sevilla a lugar donde lo vendiesen, pues gustaba más a mi hijo viajar en aquel desaparecido coche. Así, me dijo que estando en Sevilla me llevaría a verlo e comprarlo.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario