14 diciembre, 2006

De la misa e algunas nuevas

s este hospicio del Hospital como hotel moderno que aún tiene habitaciones para dos personas y en una desas dormimos Marinín e yo, e ya por la mañana, dile aviso e pasamos al cuarto del baño para el aseo e vestimos nuestras ropas modernas e, luego, al bajar, encontramos ya esperando a Su Ilustrísima, pues hasta las ocho no se abrían las puertas principales:

“Buenos días nos dé Dios – nos dijo -, sobrino e nieto, si es que este es el parentesco. Poco queda ya de espera, asistiremos a la misa, desayunaremos e habrá un nuevo día por delante, e veréis cada jornada que pase, mejor nos encontraremos todos”.

“Buenos días e así sea, Ilustrísima – contestéle -, más por mi niño que por mí, que cosas parecidas estoy acostumbrado a vivir de tan larga vida”.

E acercándose al pequeño, que me tomaba de la mano, le dio también los buenos días e tomó el pequeño la cruz que le colgaba e besóla:

“Sé que teniendo a papá a mi lado – le dijo – nada me faltará, pues a Dios lo tenemos donde vayamos e si viene la vida con menos casa e menos juguetes no me importa, que teniendo a vuesas mercedes, huelga lo demás”.

No pasó mucho tiempo cuando abrieron las puertas e pasaron los allegados e hubo lágrimas e alegría de volver a vernos, que no todos nos habíamos ido. Asistieron también algunos hermanos, acogidos e los dos inspectores e otro personaje que me dijo el inspector leonés era el abogado que habría de llevar mis asuntos e que por nombre tenía Justo Severo, y en oyendo tal nombre, le dije:

“A fe, inspector, que si es justo este hombre bien nos avendremos, mas si es severo, espero lo sea con los culpables e no con los inocentes”.

“Noticias os trae – dijo – que tal vez os interesen en gran medida, mas en eso no entro, que debe de ser él mesmo el que os diga lo que haya de nuevo”.

E abrióse la Capilla del Cristo e todos pasamos e pidióme Marinín licencia para asistir a Su Ilustrísima en la misa e le dije le preguntase a él mesmo e según le dijera, así se haría, mas viendo quedábase junto al altar e sentábase el prioste, colegí sería él quien le asistiese.

«Memento, homo, quia pulvis es et pulverem reverteris».

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