legando a medio día a la casa, llevóme Chuti al gabinete e avisóme Marcos había llamado que llegaría en rondando las dos e que preparase sitio en aquella salita para entregar a los niños unos regalos. Pensé entonces esos malos momentos habían pasado e subí a mi bufete por escribir ciertos documentos manuscritos e a la espera de la llegada de todos.Pasados unos minutos de la una de la tarde, llamaron a la cancela e apareció un hombre de gran amabilidad, cuya conversación con Chuti oí desde la galería de arriba. Era un mensajero de los almacenes ingleses de corte, que traía muchas cajas e muchas bolsas, e dijo a la tarde se recibirían más. Pensando en el «regalo» que una vez nos enviase Andrés, bajé al gabinete e vi todas cajas e bolsas tenían el dibujo de aquellos almacenes y el papel firmado para la entrega tenía el mesmo dibujo y en la casilla del valor en euros, se decía era regalo e no aparecía cantidad alguna.
“Así lo hacen estos almacenes – dijo Chuti -; creo que no habría de temer nada”.
“Una entrega formal parece – le dije – mas no toquéis nada hasta que los niños e don Marcos lleguen”.
Así, volví a mis tareas, que no eran sino en previsión de cualquier cosa que pudiere venirse.
Llegó Marcos del modo que todos los días llegaba, e me besó sonriente e saludó al servicio e me dijo que habría de esperar a los niños por entregarles los regalos que había dicho se entregasen. E no pasó mucho tiempo cuando llegaron los pequeños e nos saludaron de gran contento sin aún saber había regalos en el gabinete, mas noté en Marinín miraba a tío Marcos con desconfianza, e diciendo acompañaría a los niños a cambiarse de ropas, subí con ellos e, cambiándose estaban, cuando me dijo Marinín muy quedo:
“Algún secreto nos oculta tío Marcos, papá, que en ciertos comportamientos, distingo la verdad de la mentira”.
“¿Quién sabe? – le dije -, puede os tenga una grata sorpresa”.
“Sabéis un perro huele a su enemigo por un extraño olor de su piel – apuntó con seguridad -, el de la adrenalina. Cuando os digo que noto alguna sorpresa, os lo digo porque tío Marcos me huele a adrenalina”.
“Hijo - le dije abrazándole con fuerzas -, parece usáis vos el olfato e yo la intuición, mas hemos de esperar a los acontecimientos, que si veo un mínimo comportamiento extraño en tío Marcos, tengo ya trazado un plan, que su comportamiento no me parece normal. Mas prometedme habréis de actuar como si nada pasase, que tal cosa he de hacer yo mesmo hasta descubrir lo que ocurre”.
“El capitán, mi padre – me dijo -, sabe mejor que yo lo que debemos hacer. Sabéis no os voy a defraudar, que si hubiese de elegir entre todos los que me rodean a uno solo, con vos me quedaría”.
Con esto, bajamos al patio para ir al comedor e allí encontramos a Marcos e nos hizo pasar al gabinete e, viendo los niños tantas cajas, quisieron adivinar lo que dentro venía, mas tan bien envueltas estaban, que le dije a Chuti trujese un cuchillo de sierra para abrirlas. E allí adentro, en muchas cajas, encontraron los niños juegos e ropa e otros regalos e, acercándome a él, le besé e quedé muy agradecido olvidando lo ocurrido.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario