ocaron a la puerta a las seis e aún era obscuro como noche. Aprestéme a preparar lo único que me haría falta para salir a la calle a tales horas e, al abrir la puerta, encontré a Chuti en la galería esperándome:“Buenos días, capitán – dijo quedo -, yo mesmo os he llamado que me preocupa lo que está pasando e nada entiendo dello. Si alguna cosa necesitáis yo os la proporcionaré”.
“Buenos días, Chuti – le dije -; agradecido os quedo por lo que hacéis por mí. Nada necesito sino una prenda de más abrigo, que parece amanece el día de invierno”.
“He de entrar en vuestra estancia a tomarla, capitán – me dijo confuso -, e no quiero tocar a la puerta por no estorbar el sueño de don Marcos”.
“Por ello no habéis de tener cuidado – le sonreí -, que tiene el sueño pesado. Entrad sin dar aviso e creerá soy yo; desta forma, ni siquiera os mirará aunque esté despierto”.
“Lo que ordenéis he de hacer – apuntó -, que aquí estoy para serviros a vos antes que a cualquiera otra persona”.
E girando con lentitud el picaporte, entró en la habitación a obscuras, mas vi al poco se encendía la luz e acerquéme un poco por si oía conversación alguna:
“¡Capitán, capitán, entrad!, pues don Marcos no está aquí”.
“Más que yo ha madrugado – le dije -, según parece, o acaso no ha pasado aquí la noche. Tomaré cuanto necesito, que es poco. El teléfono y mi estuche portátil me llevo; si cosa alguna necesitarais, llamadme. Estaré una pieza en casa de un amigo e de allí partiré hacia el Hospital. Buscadme para cualquier cosa os sea menester e os pido cuidéis del aseo de los niños e de que vayan a la escuela. Mucho antes de que ellos lleguen, ya me encontraré yo aquí”.
“Así lo decís, e así ha de hacerse – dijo – que es en estos momentos cuando uno debe recordar el agradecimiento debido”.
Salí presto de mi casa e fuíme caminando hasta el cuartel de la guardia, mas no se encontraba allí el inspector. Pedí licencia de esperarle e me ofrecieron me sentase en un banco e también ofreciéronme una taza de café caliente.
“Coronel – dijo el guardia -, os ofrecería un acomodo mejor, mas os aseguro que no hay silla más blanda que ese banco en esta comisaría”.
“Tal cosa no es de importancia agora. Esperaré, pues priesa no tengo ni nada de importancia me trae (por el momento). Seguid vuestro trabajo”.


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