09 diciembre, 2006

De la mañana de la música

arecíame estar soñando e oyendo una lejana música celestial, mas despierto estaba e fue mi mano diestra a buscar el cuerpo de Marcos e darle los buenos días, cuando noté su pelo no era el de siempre e, abriendo los ojos e mirándole, descubrí yacía Marinín a mi lado. Al notar yo le acariciaba, abrió también sus ojos e sonrióme.

“¿Oís cual yo – le dije – esa música celestial o son ensoñaciones mías?”.

“No, papá – respondió al punto -, que esa música está sonando en el salón; para vos, supongo”.

“¿E dónde está tío Marcos? – preguntéle –, que os tomé por él, mas este pelo y esos ojos sólo los tenéis vos”.

“Si bajáis – me dijo – encontraréis a tío Marcos, que una sorpresa os ha preparado, en el salón; estando yo ya despierto, me pidió le ayudase e luego he venido a vuestro lado”.

“¡Bajemos! – dije al punto -, que seguro estoy de que ese regalo del que habláis es para todos e ya imagino qué pueda ser. Muy desabrigado os veo; esperad, poneos esta bata de abrigo aunque os arrastre por los suelos ¡Mirad qué cuerpecito!, os pisaréis la bata e caeréis. Venid aquí que os pille, ¡al ladrón, no escaparéis follón!”.

E acercándome a él tomélo en brazos e fuimos hacia las escaleras mientras me mesaba los pelos e me tapaba los ojos e tiraba de mis orejas.

“¡Mirad que vamos a caer por las escaleras y a matarnos! – reí estrechándolo a mí -, seamos serios”.

E bajando las escaleras, vi cómo Marcos estaba sentado en el salón e la música oíase cada vez más fuerte cual si hubiese una orquesta allí.

“Esto os he comprado para vos – dijo Marcos -, que puestas estas cajitas en sitios donde no sean de estorbo, podréis oír la música como si estuvieseis en una sala de conciertos”.

E fui atravesando el salón e los sonidos que pasaban por el aire en nuestro en derredor hasta llegar a Marcos e, sentando al pequeño a su lado, inclinéme, le di los buenos días e besélo en señal de agradecimiento.

“Sentaos aquí – me dijo – con nosotros. Pronto bajarán los demás al oír esta música que, según creo, ha de seros conocida”.

“Sin duda – respondí al punto -, e agora me parece revivir otros tiempos muy lejanos, cuando los músicos tenían que venir a la casa e tocar. Este artilugio no conocía y es maravilla de oír los sonidos en el aire, que pareciérame están ahí los músicos”.

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