08 diciembre, 2006

De la mañana de la fiesta e una conversación con don Diego

íjome Su Ilustrísima qué desayuno iba a poner a los niños e anduve en la cocina un buen rato ayudando a Cristina. En eso, prepararon Chuti e Marcos a los niños e, cuando bajaron todos, la mesa estaba preparada. Amen de las viandas que suelen ponerse en esta casa, había preparado un espeso xoclatl y unas deliciosas migas, e jugos de frutas.

“Buena hora es – dijo Su Ilustrísima – para dar cumplimiento a estos manjares, que la misa de hoy será a las doce, aunque habréis de excusarme, pues no me desayuno nunca hasta terminada la misa, que he de decirla hoy con el párroco de Santa María, don Gonzalo Huesa, que ha poco ha sido nombrado Prelado de Su Santidad en Ronda. Ha de ser una misa a la que no debe faltarse”.

E probando los niños aquellas migas con xoclatl ya no dijeron palabra; e hube yo de limpiar los bigotes a Marinín, que de no tener puesta una servilleta en la pechera, hubiese tenido que volver a cambiarse la ropa.

Bien abrigados todos, asistimos a aquel acto e, al salir a la plaza, lucía el sol y encontramos a mucha gente conocida, e Diego Jesús corrió a abrazar a sus abuelos e así tuvimos con ellos unas pláticas es fueron invitados a Grazalema el sábado.

“A fe – dijo Marinín – que los científicos no cumplen bien con su misión, pues dijeron hoy llovía e luce el sol”.

“Debe ser tal – respondíle – porque ellos creen en lo que la razón les dice, que va a llover; e la naturaleza decide que las nubes vayan en otra dirección; mas la promesa de llevaros a ver el mar es verdadera e ha de cumplirse”.

E tomando luego a don Diego en un lugar algo apartado, preguntéle si era normal que don Julio, el director de la escuela, no sólo disciplinase a los niños, sino también a los padres e, mirándome con extraño, dijo:

“Ni don Julio ni Su Ilustrísima siquiera, serían capaces de darme liciones de disciplina. Una cosa es dar un consejo a los padres e otra disciplinarlos; mas ¿a qué esta pregunta?”.

“Los cuatro niños que cuido – le dije -, e que tutelo, son niños avanzados como no hay otros; no sólo en conocimientos de letras e ciencias e religión, sino en su comportamiento”.

“Dello no habréis de convencerme, capitán – respondió -, que los he visto en la casa y en la calle e son como ejemplo de lo que todos los niños deberían ser. El método que usáis me es desconocido, mas ¿para qué conocerlo si vos sabéis cómo llevarlo a cabo?”.

“Por mala ventura – apunté – parece don Julio no piensa igual e incluso duda de que sean los niños los que hacen sus labores en casa. Jamás, en ningún momento, he tenido que ayudarles en nada; es más, a veces, hasta yo mesmo he de preguntarles ciertas dudas”.

“Vuesa merced paga sus estudios – me dijo -; no dejaría yo que ni el mesmo director del colegio pusiese en duda mi palabra”.

“Os agradezco el consejo – le dije - e os aseguro, que vuestro nieto, es niño modelo en muchas cosas. Agradecido os quedo por vuestra sinceridad, pues vuestra palabra ante él queda en medio, que fuisteis vos quien dio a don Julio recomendación”.

“E si volviese a oír sobre lo que decís, no dudéis yo mesmo iría a aclararle ciertos conceptos”.

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