uise notar que el coche paraba de forma un tanto brusca e oí la voz de Valeriano advertirme estábamos ya entrando en la carretera de la ribera. Así, incorporéme en la obscuridad e salté al asiento de delante.“Abrid esa pequeña maleta que frente a vos se encuentra – me dijo -; sólo debéis pulsar el botón. En su interior encontraréis una cajita con pañuelos empapados en perfume. Limpiaos un poco la cara e las manos e así os sentiréis más despierto”.
“Bien me ha venido ese descanso – espeté – mas no sé agora cuánto tiempo ha pasado”.
“Tal cosa no importa, que hay agora carreteras nuevas que antes de llegar a Sevilla giran hacia Cádiz e a gran velocidad hemos venido con permiso de la guardia. Aún no despunta el día e ya nos acercamos al pueblo. Paréceme, excelencia, se acaba la empresa en poco, mas siendo tan de temprano, ¿cómo entraremos agora en la casa?”.
“Previsto está, no tengáis cuidado – le dije -, que de todo di cuenta al servicio”.
Y en llegando a la puerta de la casa, abrióse ésta e salíó de priesa Cayetano con don Antonio e dos fuertes mozos. Nos abrazaron con emoción entrambos amigos e dejamos las pláticas para más tarde. Abrió Valeriano el maletero e vi en la cara de Cayetano grande sorpresa al ver los sacos:
“No tengáis cuidado – le dije muy quedo -, que no son cadáveres. Pasadlos a la antigua cocina e cerrad con llave”.
La caja fue puesta a buen recaudo e restamos en el salón a la espera de una llamada e del desayuno, mas siendo Su Ilustrísima hombre de sueño ligero, salió al poco e saludónos quedo e nos bendijo e le vi lloraba.
“Día e noche – me dijo Cayetano – ha estado despierto y en rezos. Hoy parece haberle vencido el sueño un poco”.
“Sólo he de comentar agora – les dije a los presentes -, que con el gran ayuda de Valeriano, se ha cumplido limpiamente la empresa”.
“¡Daremos gracias al Señor! – dijo don Juan -, que sin sueño ni hambre me habéis tenido e harto trabajoso ha sido distraer a vuestro niño e a su amigo”.
“En el coche nos ha acompañado Papá Noel e nos ha dejado regalos para ellos e para vos e para todos – concluí – e pasado ya el trance, celebraremos juntos la Navidad e descansaremos cuanto haya menester”.


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