reparado estaba ya el coche que llevaba a mis niños a la escuela en la mesma puerta y, en pie junto él, se encontraba Valeriano (que asistió a la misa). Nos acercamos al coche sin apenas equipaje e vino primero a saludarme e a darme sus condolencias e agachóse luego e sonrió a Marinín:“Esta vez – le dijo -, os llevo a Grazalema, mas quiero que sepáis que no voy a dejar de llevaros donde quisiéredes, pues un pajarito me ha dicho que os gustaría ver el mar”.
“Si, Valeriano – le dijo Marinín -, pues yo estaría de contento si vuesa merced viniese con nosotros a verlo”.
“Verlo, lo he visto muchas veces – respondióle sonriente -, mas, es tan grande e majestuoso que es maravilla de ver cada vez que se va. Esperaremos a que sean los días menos fríos o de menos lluvia e, quitándonos los calzados, mojaremos nuestros pies en el agua salada”.
Con esto, nos entramos en el coche e Marinín iba abrazado con fuerzas a mí e le hablaba a Valeriano como a uno de sus amigos. E fue el viaje muy de mi agrado, pues hicimos el alto en la venta del Tikutín para tomar un bocado. E fue allí donde me confesó Valeriano algo de su vida que yo no sabía:
“Sepa vuesa excelencia, que militar fui hasta no ha mucho tiempo. Creo visteis un día la herida que me dejó una explosión en mi pierna e que me hace inconfundible. Aquesta herida no me impide conducir ni andar sin renquear, mas decidí dejar el ejército, pues la irresponsabilidad de alguien arruinó mi curso militar. Sé cómo son esos momentos que estáis viviendo e, por tal motivo, heme ofrecido a Su Ilustrísima para conducir el coche al lugar que os sea menester e sin compromiso alguno, que no todo el mundo me ha tratado como vos lo habéis hecho e siento he perdido lo mesmo que vos”.
“Agradecido os quedo por lo ofrecido – le dije -, e también he de invitaros a vos e a vuestra familia a pasar unos días en Ronda y en Grazalema, que por las preguntas que os he oído antes de salir, bien me parece son sitios que no conocéis”.
“Cierto es, excelencia – respondió -, que más conozco la parte de Huelva que otras, mas ya sabéis que mis dos pequeños son difíciles. Tal vez con vos e Marinín suavizasen sus movimientos, que no toman descanso ni cuando duermen”.
«Jo, otros dos saltamontes».


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