ran las diez cuando sonaron las músicas de mi móvil e oí la voz del abogado don Justo:“Excelencia, buenos días – me dijo -, que al haber alguna novedad he decidido llamaros. Espero no sea muy de temprano”.
“Buenos días, don Justo – respondíle -, que no sólo no es temprano sino que a estas horas ya estoy yo pensando en tomar un vino. Decidme; ¿habéis sabido algo de nuevo?”.
“Así es, excelencia – manifestó -, que he aprovechado el sábado para visitar al anciano matrimonio que me dijisteis e tomar buena nota de sus quejas que, si me lo permitís, he de deciros viven una tortura, mas hoy mesmo, e más temprano, he ido a visitar a entrambos interesados en la finca resultando que no son dos, sino uno mesmo. Teníais razón pues, que estos hombres, al ver que vuestra casa caída pueden dejar caer a la de al lado e ya están pensando en otra forma de asustarlos y echarlos de allí”.
“Eso parecióme cuando me dijisteis había mucho interés – respondíle -; haced agora lo que yo os diga. Buscad entre mis papeles los datos de la casa que en Triana tengo cerrada e amueblada. Así que yo llegue a Sevilla será preparada para este matrimonio, por lo que habréis de hacer documento de usufructo para ambos e, mientras tanto, pujad por mi finca e algo recebiréis a cambio si así lo hacéis e la vendéis”.
“¿Pensáis acaso ceder vuestra casa de Triana a este matrimonio? – preguntó con extraño -. He de imaginar que una muy buena amistad os une”.
“Sin duda – le dije -, tanto que vendería alguna otra propiedad porque no se viesen en la calle. La casa que os digo es bonita e soleada; recordad decirles que yo os he dado esa orden y que dejen esa casa si no quieren morir aplastados por los techos”.
“Así he de hacerlo – concluyó -, no tengáis cuidado por ello e no penséis os voy a cobrar más por estos trámites, que lo establecido al mes, incluye cuanto surja”.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario