21 diciembre, 2006

De cómo se montó el belén de don Juan

a temprano por la mañana estaba Su Ilustrísima abriendo cajas con los ilusionados niños. El servicio puso la antigüa mesa de comedor en un rincón e, luego, puso sobre ella don Juan unos papeles un tanto arrugados que simulaban rocas. Al fondo, le vi poner casi en pie unos trozos de corteza de corcho apoyados en la pared e los niños los iban colocando cual él les decía.

“Agora, niños – les dijo Su Ilustrísima -, tenemos ya el fondo del decorado; el paisaje. Comencemos pues a poner las cosas que sobre ese paisaje vemos. Aquí hay ramas verdes que ha traído Cayetano; dellas haremos los árboles”.

E fue sacando de una caja bolas de papel que envolvían pequeñas piezas que pareciéronme de barro pintado; eran casas; muchas casas que llevaban abajo unos a modo de agujas que las dejaban sujetas en lo más alto del corcho. Así, fueron poniéndolas en el orden que Su Ilustrísima les decía e parecióme entonces comenzar a ver un pueblo que me era conoscido.

En un hueco que quedaba hacia la izquierda entre los corchos, puso una bola de algodón un tanto aplastada e, sobre ella, encajada entre la grieta de los corchos, puso él mesmo una figura que no era sino una copia del Puente Nuevo. ¡Ante mis ojos vi una copia de Ronda! Levantéme del salón e acudí a ver aquello que era maravilla de observar: «Habéis comprado una Ronda pequeñita, Ilustrísima».

“No, sobrino, no – aclaró -, años llevo haciendo estas casitas en barro e pintándolas. En su pié llevan alfileres para ajustarlas a las rocas de corcho y, en la grieta, pongo una nube de niebla e sitúo esta mi copia del puente”.

“¡Dios Santo! – exclamé -, que no siendo aficionado a retratos echo agora en menos esas cámaras para tener una imagen desto”.

“No preocuparos, señor – dijo Antonio de contento -, que no todo se ha puesto aún, a lo que veo. Cuando esté ya todo terminado, iré a buscar a mi vecino Paco, que tiene una desas cámaras que vos decís e tomaremos imágenes e las guardaremos en la máquina”.

Parecía yo suspenso y estupendo de ver tal cosa e acercóse Marinín a asegurarme todo quedaría muy bonito, pues le había dicho tío Juan traía luces de colores e cintas brillantes.

“Ahí abajo – señaló don Juan -, donde están «los molinos de Ronda», pondremos el portal e, por este otro lado, haremos un camino de bajada lleno de gentes que bajen a adorar a Nuestro Señor e, suspendido sobre las casas e los riscos, colgaremos el ángel de la anunciación”.

En estos menesteres estuvieron casi toda la mañana hasta que acercóse Su Ilustrísima en diciendo:

“Bien vale este trabajo como ilusión de niños e mayores e como tradición de adoración de lo que habremos de concelebrar la Nochebuena, mas pienso va siendo hora de tomar ese bocado, que paréceme he construido la Ronda auténtica yo solo e necesito refuerzo”.

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