asó Marinín a una sala con Mercedes porque le ajustase la ropa a su talle e pasé yo con don Juan a una sala por haber algunas pláticas, e así me dijo:“Creo no podéis llevar vos solo asunto tan complejo. Dejadme a mí e a varios hermanos que hanse ofrecido a resolver todo cuanto queda, que parece mucho. Aún han de pasar varios días para que se dé cristiana (e caritativa) sepultura a los finados e no quiero sino que os dediquéis a llevar a vuestro niño por el camino adecuado, como habéis dicho. Siendo como son agora los viajes tan rápidos, os aconsejaría viajarais juntos a Ronda e pasarais allí los días que restan hasta que acabe la investigación que se está haciendo. Os prometo, sobrino, manteneros en todo momento informado de cuanto ocurra”.
“¿Pensáis acaso me molesta pasar esos días en un lugar de caridad como este? – contestéle -. Además desto, disfruta el niño jugando con los acogidos e siempre que no se le separe de mí”.
“Con más razón entonces, sobrino – puntualizó -, que viviríais unos días vuestro hijo e vos mesmo en retiro, pues han de venir días muy duros. Luego desto, ya haréis los trazados que mejor creáis convenientes tanto para vos como para Marinín”.
“Algunos trazados tenemos ya, Ilustrísima – le dije sonriendo -, que niño como este no se deja amedrentar por cosas tan duras como estas. Dejadme le diga mañana de mañana si quiere pasar unos días en Ronda; imagino, que ha de decirme que sí según lo veo, mas pretendo que sea él el que decida”.
“Niño como este no he conocido – dijo – ni tendré tiempo de conocer en lo que de mi vida quede. No sé si Dios me dará salud e vida para ver qué camino elige, mas si fuese llamado por Dios Nuestro Señor a su servicio, muy alto llegaría”.
“Así pues, propondréle mañana de mañana viajar a Ronda hasta que sea inevitable volver a dar cumplimiento a cuanto queda pendiente”.
“Pues haced esto temprano, que oficiaré misa por las almas por la mañana en la Capilla del Cristo. Una ceremonia muy familiar con la asistencia de varios hermanos e familiares. Terminada la misa e tras un buen desayuno, tendréis el coche preparado para partir”.
“Sea así – le dije -, pues así lo creéis conveniente e no paréceme sea idea de cuestionar”.
En Sevilla e a trece de diciembre del año de dos mil e seis.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario