erminado el almuerzo, hubimos de esperar a que se retirase la mesa, que mucho sitio no había para sentarse por estar los mozos trabajando. E ya todo recogido, seguía Marinín junto a Gregorio e se decían cosas e reían, así me dijo Gregorio:“Coronel, niño como este no he conocido nunca, y esto no digo por sus habilidades para los números, sino que siendo pequeño parece adulto e su mirada es dulce e dice cosas que son maravilla de oír”.
“Como decís parece ser – le dije -, que no hay persona que lo vea e no se acerque a él a decirle alguna cosa. Pienso yo, que cuando termine sus estudios, será hombre difícil de alcanzar. En Plasencia lo encontré en circunstancias difíciles e decidí adoptarlo, mas ya estaba él pensando yo fuese su padre. Los otros tres niños son también harto avanzados e a todos les estoy dando los mejores estudios que se pueden dar hoy”.
“Por tal cosa debe ser – continuó - tiene acento castellano e usa siempre la palabra correcta. Mucho he estudiado e mucho he aprendido, mas casi todo lo que sé ha salido de los libros, que a esas escuelas e a la universidad no pude asistir”.
“Pues más puede asombraros aún – le dije en risas -, que el inglés habla a la perfección e puede hablaros con acento andaluz tan claro, que no sabríais es extremeño”.
Oyendo todo esto, tanto don Pedro como su señora ponían total atención e preguntóme don Pedro:
“De usía mucho he oído hablar e muchas veces le he visto pasear por el pueblo, que casi todo el mundo le conoce e le tiene como hombre admirable; mas quisiera saber yo, si no os es molestia, de do sois e por qué aquí venís”.
“Aquí vengo, señor – le dije -, porque aquí nací, mas en muchos lugares diferentes he estado y eso sí es cosa más dificultosa de referir”.
“Acaso, entonces, preparáis esta casa por veniros a vivir al pueblo – dijo -, que aire tan sano como este no se encuentra y es tierra de buenas aguas e buena chacina e buen paño, que atrae agora a mucho forastero”.
“Así lo quisiera – respondile con un tanto de pesar – mas debo administrar otras casas e me veo, por motivos de trabajo, obligado a vivir en Sevilla. Por tal motivo, heme comprometido a dar educación a estos pequeños, que tienen en mi galpón su casa e sus juegos e acuden a la mejor escuela de Sevilla. Preparo pues esta casa para apartarnos un poco cuando las obligaciones nos dejan. Preparad agora vuestro domicilio a gusto e disfrutad deste paraje e, si os fuere menester, aquí nos tenéis a vuestro servicio”.
“Diríase, señor – dijo doña Ángela -, no sois noble por vuestro comportamiento, que a todo os ofrecéis e a todos ayudáis según entiendo”.
“¿Para qué querría yo agora todo esto sino para compartirlo? Vivir solo es penoso”.


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