os recogimos temprano en nuestras estancias, pues el cansancio nos vencía, mas antes de dormirnos, dijo Marcos:“No lo entiendo, Marino, capitán, coronel o excelentísimo señor, que habéis preparado todo este circo extraño, e dándole agora vueltas a mi cabeza, no entiendo qué habéis conseguido con tanta trama, pues si la caja falsa produce el mesmo efeto que la original, habéis entregado las llaves de la unidad de España a la albóndiga, como así le decís a ese impresentable hombre”.
“Albóndiga sebosa – aclaré –, e aún hay secretos que vos no sabéis e que ya podéis saber”.
“¿Más secretos? – llevose las manos a la cabeza -. A fe que deseo acabe pronto todo este entuerto que no hace sino traer sorpresa tras sorpresa. Copiáis la caja por no dar la original e falsificáis los documentos en ella contenidos; se os dice que la copia produciría el mesmo efeto; dais la copia a Andrés y entregáis con ceremonia la original a un general que puede llevarla a las manos de Su Majestad, sin saber lo que hará éste con ella”.
“Hay algo más – le dije -, que todo está bien meditado”.
E levantándome de la cama, acerquéme al armario ropero, abrí de espacio sus puertas e busqué la prueba definitiva e, volviéndome luego hacia Marcos, mostréle en mis manos otra caja roja envuelta en un paño adamascado.
“¡Dios Santo! – dijo al verla -; si las habéis entregado, ¿cómo está una dellas aquí?”.
“Bien fácil es – le dije con más detalle -, pues al decirme el artista que la copia podría producir los mesmos efetos, preguntéle si habría forma alguna de que esto no ocurriese, mas estando ya la caja terminada, preguntéle si se podría hacer una copia que no fuese más que… un trozo de madera. Así, fizo una segunda copia. No podía yo arriesgarme a tirar la primera caja falsa desde tal altura, pues si caía al suelo e se hacía añicos, mal asunto nos venía. La copia buena, por llamarla con alguna deferencia, fue la entregada al general. Así, Andrés no tiene más que madera en su poder, el general tiene una caja que procurará mantener íntegra pero con documentos falsos en su interior por si llega a manos de Su Majestad, por lo que pudiese suceder y, esta, ¡esta es la verdadera caja! Nadie más ha de saber lo que os digo, que ha de volver la caja con nosotros a Sevilla e será escondida en lugar donde nadie la encuentre. E, ni vos ni Chuti ni yo, Marcos, sabemos de ninguna caja roja, que las dos han sido entregadas ¿No es así?”.
“Paréceme he perdido el sueño para toda esta noche”.


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