brió Marcos los ojos al amanecer, e viéndome ya despierto comenzó a hablar:“En lo que habéis trazado no puedo dejar de pensar, que imposible me parece se os indemnicen los daños ocasionados en vuestra casa e volverán a realizar algún tipo de ataque por recuperar esa caja que tenéis escondida”.
E sin mirarle, tal como él hizo, le respondí:
“También he pensado yo en lo que se pudiere facer e creo tengo soluciones, que piensan ellos yo no sé su paradero mas también creen que el interior de la caja tiene un remedio que a ellos doblega. Digamos que reciben a diario una misiva recordándoles los días que les quedan para el pago de los desperfectos e que, pagados éstos, se les entregará la caja. Mas supongamos así mesmo que les digo que recibirán la caja, mas no saben lo que contiene en su interior, y no serán sino unos documentos falsificados al efecto. Sabrán sé dónde se encuentran, e puedo aseguraros que en los días que ellos menos piensen pueden ser atacados, recibirán una sorpresa. Finalmente, se les entregará la caja con el interior falsificado e no entenderán el significado de lo allí escrito”.
E hubo una pieza de silencio antes de que contestase:
“Así pensáis recibiréis el dinero pedido e luego entregaréis la caja sin otros requisitos. Esperad primero a recebir el montante e pensad luego en los otros trazados. Bien es posible que alguno dellos sepa el contenido de la caja e se sientan engañados”.
“Tal cosa – le dije – es imposible, pues sólo yo sé lo que hay en la caja e aún no sé todo, que hay cartas dirigidas a Su Majestad que no he abierto. Pudieran ser cartas personales que fuesen un mensaje claro a Su Majestad”.
“No quiero fatigaros con mis ideas – concluyó -; haced los trazados que veáis convenientes. Yo no haré otra cosa que seguiros”.


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